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jueves, 28 de marzo de 2013

Entrevista libro Imaginarios Literarios y Culturales

Imaginarios Literarios y Culturales. Géneros y Poéticas


Entrevista a los autores
  
Lo primero, decime a qué proyecto de investigación responde el libro y por qué se demoró su publicación. Decíme por qué editorial apareció editado el libro, así como también el título completo del libro, la cantidad de páginas y dónde se puede conseguir.

  
El libro es resultado del proyecto de investigación Imaginarios Literarios y Culturales. Géneros y Poéticas, que desarrollamos durante los años 2008 y 2009  desde el Profesorado en Lengua y Literatura del Instituto A.P. de Ciencias Humanas. El título del libro es homónimo al del proyecto. Optamos con Daniel Teobaldi y Marcela por esta posibilidad pues hay pocas publicaciones de teoría del género que tengan este título. El libro tuvo una demora que se debió, sobre todo, a los trabajos de corrección y pruebas que se hicieron durante el 2010, hasta llegar a la edición final en septiembre de ese año. El libro contó con la participación de seis estudiosos del policial y el fantástico –Daniel Teobaldi, Fabián Mossello, Marcela Melana, Verónica Peretti, Miguel Herráez -un invitado desde España-  y Miriam Divito,  dando un número de 168 páginas. Imaginarios Literarios y Culturales se puede adquirir en casi todas las grandes librerías de las principales ciudades del país y por supuesto en la sede en la ciudad de Córdoba de la Editorial El Copista.


-Contáme cómo nace el proyecto de investigación para trabajar con literatura policial, ¿por qué eligieron el género? quiero decir que, amén de que a ustedes les gusta, ¿es un género que tiene repercusión y actualidad en Argentina? Si es así, contáme qué escritores de la literatura argentina están abocados al policial y si hay editoriales específicas (alguna vez me dijiste que sí, la serie "negro absoluto" si no me equivoco).

El policial fue siempre un tema que nos interesó a todos. El policial, como espacio de escrituras, tiene un desarrollo enorme en la actualidad. En Argentina, como en el resto de Latinoamérica, Norteamérica y Europa, las escrituras policiales se multiplican leyendo el mapa de la sociedad contemporánea. El crimen es el termómetro por medio del cual sabemos qué le está pasando al mundo. El modo como se articulan las muertes y el delito en general, es también el modo como estamos resolviendo nuestras pasiones, nuestros modos de ser en sociedad, dado que no debemos olvidar que el policial, junto con la ciencia ficción, son géneros atravesados por la lógica de la Modernidad. En Argentina, las editoriales reeditan los clásicos y difundes las nuevas escrituras, en muchos casos de escritores muy jóvenes. En realidad, desde las escrituras iniciadas por Walsh, y seguidas por Soriano y Juan Sasturain, por sólo citar algunos nombres, el campo se fue complejizando con la irrupción de nuevas estéticas, nuevos temas, nuevas problemáticas sociales. Autores como Guillermo de Santis, Claudia Piñeiro, Guillermo Martínez retoman asuntos que no estaban en las agendas de los 70’ y los 80’. Nuevas problemática, nuevos conflictos sociales –como las migraciones, la crisis económica de los 90’- atraviesas ahora la piel del género. Así, las editoriales han desarrollado verdaderas colecciones dedicas al policial. Negro Absoluto es una de las más conocidas, dirigida por Juan Sasturain. Nuestra editorial EDUVIM también ha focalizado sus esfuerzos con la colección Tinta Roja. En todos estos casos nuevos autores, la mayoría jóvenes, irrumpen en la escena de la literatura del crimen apelando a nuevos procedimiento narrativos, para configurar, en muchos casos, lo que se viene llamando neopolicial. Con sólo mirar los estantes de las principales librerías o dar una mirada a los quioscos de revistas, vamos a ver que el policial, en sus series de enigma o negra, recorre buena parte de las ofertas de lectura contemporánea.

-¿Hubo consenso inmediato entre Daniel, Marcela y vos a la hora de elegir el policial como trabajo de investigación? Contáme qué línea investigativa abordó cada uno y por qué. Y si además de ustedes tres hubo alumnos involucrados en el proyecto. 

El tema del policial nos interesa de manera particular a todos. Daniel estudia y escribe novelas policiales, Marcela se ha interesado mucho en las escritoras de policiales y yo, desde las cátedras de teoría literaria y géneros de ficción vengo trabajando el tema con asiduidad, sobre todo en la relación policial y cultura de masas.
Daniel se dedicó en este proyecto a realizar un trabajo, digamos, del estado de la cuestión, recorriendo el campo de las escrituras policiales argentinas contemporáneas y puntualizando algunos aspectos clave de las novelas inscriptas en la estética neopolicial.
Marcela, por su parte, revisó las novelas de Claudia Piñeiro desde una perspectiva que enfatizaba la enunciación desde la mujer- detective, en un complejo constructor a la vez víctima y victimaria.
En mi caso, partí de la base de que el objeto literario se ha expandido y complejizado en otros soportes y estéticas. El imaginario literario en la contemporaneidad sufre profundas rupturas, por lo que decidí tomar un objeto audiovisual- literario-policial Mujeres asesinas. Este objeto permitió, a la vez, referenciar las formas del género en productos no tradicionalmente literarios y visualizar las nuevas formas que asume lo policial en clave televisiva.


-He visto que Marcela trabajó con las novelas de Claudia Piñeiro, así que esta pregunta es para ella: ¿por qué la tomó Marcela a esta escritora? Por lo que he visto, es uno de los pocos casos de escritores argentinos que es un best-seller. ¿La literatura policial guarda esa relación intrínseca con la venta masiva? ¿La literatura de Piñeiro trasciende el policial? (he visto que se han hecho películas basadas en sus novelas? ¿Cuál es la importancia de Piñeiro en las letras argentinas actuales?



Con respecto a la elección de Piñeiro podría decir que fue un encuentro casual. No suelo tener en cuenta los premios literarios para elegir una lectura; sin embargo hace unos años cuando ella ganó el premio Clarín de novela leí la entrevista que le hicieron, creo que en Ñ, no lo recuerdo exactamente, y me llamó mucho la atención lo que comentaba sobre otra de sus novelas. Es decir la nota tenía que ver con Las viudas de los jueves y yo me detuve en Tuya (2005) que es un policial muy particular. Desde allí inicié un largo recorrido con esta escritora: me dediqué a trabajar esta novela corta, así surgieron los trabajos de investigación que se publican en este libro, la introduje como lectura de mis alumnos de sexto año en el ISBR- creo que aún siguen leyéndola- y continúo actualmente con Betibú (2011). 
Coincido con vos en que es un best-seller en tanto este concepto apunta a la cantidad de ventas de un libro, si nos atenemos a los números, ¿verdad? Por supuesto que si nos remontamos a los orígenes del género policial, lo masivo está presente en aquellas crónicas que se vendían en los mercados, en aquellos relatos que hacían circular los hechos de sangre que se producían en los conglomerados urbanos del siglo XIX. Pasando por escritores como Edgar Allan Poe y Conan Doyle que consolidaron el género y siguiendo por toda la producción del policial negro norteamericano y sus continuadores, estamos hablando de un género menor por ser popular y masivo justamente. Sin embargo, sabemos que ha habido grandes escritores que legitimaron el policial y lo llevaron a un lugar muy distinto del que tenía asignado en otras épocas y creo que es por allí que se explica el auge del género, no sólo en Argentina, sino en todo el mundo. Sucede que el género se fue reconfigurando y está funcionando como una metáfora a escala de lo que ocurre en la sociedad. Esta es una de las principales hipótesis de nuestro actual proyecto de investigación. Es decir, nos permite ver los cambios que se han producido, como el aspecto que yo analizo en Tuya, que se focaliza en las nuevas subjetividades que emergen en el género: la mujer como sujeto inteligente y estratégico con las competencias necesarias para asumir un rol central en el desciframiento de la verdad, que es el problema central de todo relato policial.

-Por último, Fabián, para cerrar, hacéme una reflexión sobre el género policial a través de su historia hasta nuestros días, por qué crees que desde Poe hasta la actualidad el género no sólo ha sobrevivido sino que se ha mantenido tan vigente. Y decíme dos palabritas acerca del "boom sueco" con Steigg Larsson y Henning Mankell.

El género policial ha sobrevivido, a pesar de las modas y los mercados; ha sobrevivido a los cambios sociales, históricos y culturales, para seguir seduciendo a un número creciente de lectores. A diferencia con lo que pasa con la C.F., que ha limitado su expansión a un campo de lectores ‘fans’ y expertos en estas temáticas, el policial se refunda a sí mismo en cada momento y gana nuevos lectores. Una de las explicaciones proviene de las fuentes en las que se inspiran los escritores.  No sólo la crónica periodística ha servido de materiales para los temas e historias,  también otros discursos sociales -el judicial, el de las mismas fuerzas del orden y la riquísima trama de las historias populares. La anomalía producida por el crimen conmueve las fibras de la sociedad moderna (y posmoderna). Esta anomalía necesita ser entendida, de algún modo exorcizada, por un discurso que la explique, aunque sea parcialmente. Por esa razón el género policial funciona como termómetro social e histórico, por un lado, y fuente de explicaciones de lo muchas veces inexplicable, por otro. De algún modo nos psicoanalizamos como sociedad en el género.
Ya este proceso explicativo no parece tener límites territoriales, al menos en Occidente. Los casos Steigg Larsson y Henning Mankell son paradigmáticos.
La literatura policial tuvo su origen en la lectura de la criminalidad en sociedades como la inglesa y luego la norteamericana, en las que las consecuencias de la industrialización y el progreso modernista no parecía tener límites. Pero el límite estaba en el cuerpo. En el cuerpo de las víctimas. Suecia no parecía entrar en esta categoría de país. Pero entró, y de la mano de dos portentosos escritores que nos muestran las ‘tripas’ de una sociedad estructurada  y casi perfecta, que esconde distintas formas de la criminalidad. Así, y sobre todo en Hankell los fantasmas del nazismo (El retorno del bailarín de tango) o la serie Wallander (una especie de Marlowe, pero en Suecia) nos descubren las bambalinas de una sociedad, la sueca, que también se está deglutiendo en oscuras y violentas tramas. El mismo Hankell dice algo que yo siempre tomo como eje de las investigaciones, que parafraseado sería “el policial nos permite ver lo que a una sociedad le está pasando”. Y esto es así. Si bien el policial es, sin exagerar, un transgénero metamorfoseado en una constelación de formatos y temas (lo que le daría su valor universal), al mismo tiempo, cada geocultura tiene su versión de policial ajustado a sus íntimas necesidades de contar sobre el crimen.


Por Iván Wielikosielek

Marzo de 2012

viernes, 21 de septiembre de 2012

Poesía y Narrativa. Mis producción

Algo de literatura para empezar




La literatura es “una práctica estética con base en la imaginación y la invención que permite conocer lo real a través de signos y produce mundos posibles.”



Fabián Mossello.

A MODO DE EPÍGRAFE

“A veces pensamos que para escribir necesitamos remontarnos a paisajes exóticos y no sabemos que si sobrevivimos a nuestra infancia tenemos experiencias para escribir toda la vida” (Flanmery O´Conoor. Canal á. Junio 2004).



“Murmullo de viento en las bocas
instante que se rompe y luego calla
sílaba de voz y un silencio…
En las manos sólo la palabra.”

(Fabián Mossello de Voces de ceniza y agua.2001).
* * * *

POEMAS

I.
POSTAL

La tarde sostiene el cielo y el río corre invitando a soñar, cuando todavía no sabíamos qué éramos.
Arena de tornasol y sílice, encrucijada de la edad sin nombres, sin los apuros de la sangre.
Nombres tallados en el mineral. Presente sin historia, contornos de un instinto amanecido: la mano rozando la sal; la roca y el agua en cortejo; el viento y los lenguajes emplumados; el tacto diciendo que el mundo es sólo dual y una voz rompiéndose en cuerdas; violonchelo anónimo y destemplado bajo la mirada que preludia amores y ausencia.
Lumbre de la tierra acuática y el doble acertijo de sílabas y silencios. Un trozo de amor en cada palmo y lo innombrable al acecho.

Tú y yo éramos niños.


* * * *

II.
PERSPECTIVA NOCTURNA

Miré que la noche era ya anciana.
Miré un rosario de aguas transpirando tiempo y el corazón callado del muelle.

En la ciudad, relojes silenciosos sudaban sándalo,
mientras un humo áspero entraba por el corazón de las casas,
desparramándose por las marismas de oriente.
El calendario decía que era otoño.
No importa el año.

Una noches en la que todo está ausente...






* * * *


III.
PALABRA

Si alguna vez volviera aún como sombra
mis párpados aplaudirían la estrechez del abrazo
y todo sería nuevamente luz.

Si por azar hallara
la hebra que hilvanó la luna,
mi corazón retornaría
quejoso, solemne,
a despertar la noche,
a consolidar la palabra tantas veces proferida
en el sitio mismo de la germinación.

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RELATOS



I.

Cuatro sílabas en la tarde
“Es dulce la noche del marinero, lari, lara” mascullaba Giuseppe Rosso porque sabía que la encontraría. Lo sabía por pura corazonada. Tarde tras tarde reconstruía el trayecto de su nostalgia, de su olvido, de su pasión. Las velas encendidas en una habitación insólita, el olor a mar, los cetáceos danzando sobre la muerte, la noche, las vigilias del barco en alta mar y el encuentro. Todo lo sabía, y por eso esperaba.

Ella había ritualizado su viaje por el muelle. No falta nunca a la escena de un encuentro, todavía tan brumoso como el aire de la bahía. Hierática, solemne, como la Dama de Elche, transitaba ese espacio masculino olvidando la sordidez de las miradas. Todos la conocían como La dama, por su tocado noble, su parsimoniosa vigilancia.

“Es dulce la mar del marinero, lari, lara” cantaba Giuseppe con el cimarrón en los labios, mientras el cocoliche indescifrable hilvanaba la pasión de una noche lejana. Recordaba lo que había hecho desde grumete: hacerse a la mar, dormir poco, apuntar y oler en el aire el cuerpo gigante mirando el cenit. “Es dulce la noche en que te encontré y te amé, lari, lara”. Como en una plegaria Giusseppe se dijo que esa tarde sería distinta, tenía la corazonada, antes de convertirse, como todas las primaveras, en el personaje de Salgari que le imponía el mar. “Es dulce la noche en la que supe que seríamos más que dos, lari, lara”, si te encontrara, si te viera, sería… “…lari, lara”.

La tarde se desgranaba lentamente cuando el hombre terminó de alistar su partida. El cielo se había vestido de fiesta y dibujaba los contornos de un encuentro tantas veces soñado.
Cuentan que la dama pasó por el muelle más volátil que nunca y se dirigió sin dudas al único marinero que canturreaba un cocoliche indescifrable. Las palabras que todos escucharon fueron firmes y tiernas como pueden serlo aquellas que vienen amasándose en la soledad de la espera.
Sólo se escuchó el final cuando ella le dijo papá.

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Poemas con mar

1.

Cae,
Cae,
El sílice
Desde el tiempo
En que el grito
Andaba.

2.

Rezan las olas
Sílabas
Que nadie
Escucha.

3.

He visto
Copo
De silencio
Sobre los tímpanos
De sal.

4.

Me dijeron
Que el mar
Era llanura
Infinita de agua.
A mi sólo me parece
Tiempo.

Enero 2010

jueves, 20 de septiembre de 2012

Solo una foto...

Gotas de crepúsculo cae en las grutas. Un pájaro se hace cielo, invita a correr. Es un verano de noches marinas, de calamares purpurando en cada esquina, de vientos costeros silbando como Cafuné el verso de la sal. Mi cuerpo es un ojo que mira su imagen en el mar.

Fabián Mossello

viernes, 27 de julio de 2012

PREMIO LITERARIO

La Universidad Federal dos Vales do Jequitinhonha e Mucuri (Brasil) y la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (AECID) promovió el I Concurso Universitario Latinoamericano de Literatura –UFVJM/AECID 2012 que tuvo como objetivo premiar textos inéditos en las categorías POESÍA y CUENTO de tema libre y escritos en lengua española o portuguesa.
En ese concurso y con mucha alegría fui premiado en la categoría Cuento en Español con la obra Los Maestros. En los próximos meses viajaré a la ciudad de Diamantina, Brasil, para recibir el premio. Bueno eso es todo, a seguir escribiendo….

sábado, 7 de enero de 2012

Lectur@s, Escritur@s



Lectur@s, Escritur@s

I.                    Escritura y lectura: una encrucijada contemporánea

“Papel y lápiz, sólo eso en el banco para escribir. Y nada de hablar como en la televisión o esas revistas del corazón que todos ustedes leen en el recreo. Lenguaje literario, lindo, bonito como el que usa Antonio Machado”.

La escena es cualquiera de las que se repetían en la Escuela (llamaré escuela con mayúscula a cualquier institución educativa de nivel no superior) de otras épocas, cuando la profe. de literatura quería que hiciéramos algo literario. Escena que no sólo muestra las concepciones de la literatura de la Escuela de los 60’ o 70’, sino algo mucho más difícil de visibilizar. Estamos hablando de las conflictivas relaciones entre prácticas de la cultura de masas y Escuela, tan complejas desde los orígenes de la modernidad.

El desarrollo de las técnicas de reproducción técnica (Benjamín, W.) ha impactado en los modos de leer, escribir y hacer cultura. La escuela, con su marca fundacional moderna, resistió y resiste los avatares de las distintas revoluciones que el siglo XX y XXI han protagonizado, asumiendo, en la mayor parte de los casos, una actitud prudente y conservadora. Como afirma Daniel Link, “la idea de que los medios masivos no hacen sino multiplicar los desperdicios culturales y sumir a las sociedades en la barbarie, es una representación más o menos constante desde el comienzo de la ‘edad de los medios’ y, tal vez, la representación que la escuela encuentra en el seno de la industria cultural” (Leer el mundo: construir el mundo. D. Link).

Posición que muchos teóricos han llamado apocalíptica (Eco, U) y que supone una resistencia a los cambios que la sociedad de la cultura de masas -los medios, pero no sólo ellos- han venido ejerciendo. Periódicos, radios, televisión, y ahora la más descomunal de las mediciones, la Internet, convulsionan las redes sociales, plantean nuevas subjetividades, nuevos desafío para la lectura y la escritura, y la Escuela no puede estar fuera de este nuevo paradigma en permanente reconfiguración.

Como afirma Daniel Link, “el estado actual de las tecnologías (…) nos obliga a nuevas  preguntas” (Leer el mundo: construir el mundo. D. Link). Arriesgamos algunas ¿cómo se ven afectadas las prácticas de lectura y escritura en este nuevo contexto dominado por lo informático? ¿Qué se supone deberían hacer las instituciones educativas para seguir siendo espacios clave en la construcción de ciudadanía, valores y cultura? Es claro que la Escuela debe realizar ajustes a sus modos de organizar y transmitir saberes.

Si focalizamos en las prácticas de lectura y escritura, el proceso que lleva al manejo de la esa tecnología (Ong, W. Oralidad y escritura) ha cambiado y se ha ido ajustando a las nuevas necesidades que impone cada época. El recorrido, desde la histórica imprenta y el despertar de lo que Marshall McLuhan llama La galaxia Gutenberg o la Aldea Global hasta nuestros textos digitales, representa el aprendizaje de las técnicas para el manejo de la información y la creciente complejización de los soportes.
El desarrollo del procesador de texto, por ejemplo, asociado con la digitalización de la palabra, implica cambios sustanciales en los procesos cognitivos que llevan al sujeto de la escritura al ‘buen puerto de la textualidad’. El procesador abre nuevos caminos a la corrección, el monitoreo de la escritura, la elaboración de borradores y la presentación del escrito. La escritura de ‘teclado’ también se asocia con otras escrituras más ligadas a la Internet: chat, e-mail, blog y los portales iterativos como Facebook que propician las escrituras no lineales, sin planificación, aleatorias en muchos casos y con fuerte impacto idiolectal. Estas últimas escrituras son las más resistidas por la Escuela, en el sentido que representan un salto paradigmático fuerte respecto a todo lo que se venía haciendo en la escolaridad. De algún modo, la escritura-chat, Facebooks, entre otras, parece estar volviendo al universo pre-escriturario, pero bajo la paradoja de que lo hacen a través de la escritura. Oralidad y escritura, que en la etnolingüística de Ong separaban dos órdenes de la historia de las relaciones del hombre con la lengua, en la contemporaneidad se ligan, se muestran cercanas sin conflicto. Los jóvenes hablan en sus escrituras, organizan lo aleatorios en un discurso que no tiene mucho que envidiar a las vanguardias; pero escriben. Este dato fue rescatado por Beatriz Sarlo al afirmar que la Internet está haciendo volver a los jóvenes a la escritura.

Con la lectura pasan cosas similares. Como dice Piscitelli, la “emergencia de nuevas estructuras narrativas, de nuevas prácticas discursivas y, sobretodo, de nuevas categorías para la lectura y la narración, que encuentran en la tecnología informática su punto de partida, sus limitaciones y sus potencialidades” (Escritura no secuencial. A. Piscitelli), se están modificando los hábitos de lectura, introduciendo lo que muchos llaman lectura de surf, organizada a partir de trayectos iterativos que se fundan en la novedosa lectura hipertextual, en tanto “la interacción con la máquina [implica la modificación de] la capacidad de reacción de la computadora y la cantidad incesante de opciones (predeterminadas aunque nosotros no sepamos el alcance o la profundidad) que se nos abren permanentemente y nos permiten recursivamente actuar sobre lo actuado” (Escritura no secuencial. A. Piscitelli); es decir, es una lectura que ya no será necesariamente lineal.

La lectura hipertextual implica otras competencias, es estimulante para el lector que requiere el mundo de la era digital, en tanto, implica “la manipulación activa” (Escritura no secuencial. A. Piscitelli) de aquél. De algún modo, la lectura en pantalla requiere de estos nuevos pactos tecnológicos, para acomodar nuestra mirada a un nuevo entorno que en muchos casos simula la transportabilidad de los libros tradicionales, a través de dispositivos como los Smart Phones, las PDA, las mininotebooks, entre otros. En este contexto es claro que “los medios y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación crean (…) nuevos espacios” (Lectura, escritura y medios de comunicación. J. G. Rodríguez) que la Escuela debe mirar para no quedar desfasa por enésima vez de las transformaciones que ocurren en el espacio extra-institucional.
De todos modos, muchas preguntas siguen rodando sin respuestas concluyentes. Las nuevas tecnologías han producido uno o varios temblores en la Escuela, y en particular han puesto en jaque las formas tradicionales de leer y escribir. Los efectos, como dice Umberto Eco, todavía no se pueden medir de manera clara, pues sujetos y objeto son co-presentes y ocurren en el mismo momento. De todos modos, algunos indicadores son ya conocidos. Los jóvenes presentan:
·        Ausencia de hábitos de lectura de ‘largo aliento’ (prepondera la lectura flach, zaping, como en la web).
·        Problemas para ajustar un plan textual a una práctica de escritura; se escribe sin plan, en una forma de escritura que recuerda sus rutinas de escritura on-line, en las que prepondera el fragmento y la oralidad.
·        Escaso o nulo despliegue de las riquezas léxicas y sintácticas que el español ofrece en abundancia.

En este contexto, la Escuela debe jugar un rol crítico-activo, para no replegarse en posiciones apocalípticas o abrir a-críticamente a todo lo ‘nuevo’. Hoy más que nunca, en un contexto en que se sabe que “casi la mitad de los jóvenes que terminan la educación media en Argentina tienen dificultades para comprender lo que lee” (Link, D), las instituciones educativas deberán repensar su rol en la sociedad pos-industrial, sin abandonar lo inobjetable: la Escuela debe formar sujetos integrales, ni androides ciber-conectados, pero vacíos de competencia para crear fuera del entorno virtual, ni almidonados humanistas que declinan, traducen el latín, riman como Bécquer, pero son inútiles para repensar las categorías del mundo actual. Es decir, “no se trata de modernizar nuestras tecnologías, ni de integrar celebratoriamente el coro de la época” (La letra y su molde. Meditaciones sobre lectura, escritura y tecnología. C. Ferrer), si no de preguntarse por la calidad y pertinencia de lo que incorporamos como recursos.

Transitamos ‘un momento bisagra’, un punto de inflexión, entre las nuevas formas de producción y reproducción de la cultura, que impactan en los modos de concebir la lectura y la escritura, y las instituciones educativas, muchas fuertemente balcanizadas, que se debaten entre la apertura y el repliegue de sus estructuras.

Estoy convencido que más que nunca debemos repensar la Escuela como lugar de producción de conocimiento, punto de partida para la construcción del ciudadano (Lectura, escritura y medios de comunicación. J. G. Rodríguez), espacio de la imaginación y la invención. En un momento en el que sobra la información, la escuela deberá volver sobre las bases que permiten construir lectores críticos, ‘antropofágos’, capaces de discernir en la red de los textos lo útil de los inútil, la valido, lo supletorio.

La lectura y escritura mediadas por la tecnología, el texto electrónico para ser más precisos, implica “enormes ganancias cognitivas y expresivas (…) para ser modificado, transportado y enviado, y la manera en que esto ha cambiado de forma dramática e irreversible todos nuestros hábitos de trabajo y de pensamiento, pero también de imaginación y de diseño (de la información)” (Piscitelli, Escritura no secuencial. A. Piscitelli). Lo que es cierto pero no garantiza que el alumno supere las enormes dificultades que manifiesta a la hora de concretar sus prácticas de lectura y escritura. Tener un procesador de texto no garantiza un buen texto; disponer de acceso ilimitados a bibliotecas virtuales no produce lectores eficaces, críticos, sensibles. Tal vez, quizás, la Escuela deba volver al “Papel y lápiz, sólo eso en el banco para escribir” para de ahí repensar las tecnologías necesarias para los alumnos que necesita el siglo XXI.

II.                  Canon y singularidad: un problema abierto

La reflexión que inicio tiene como marco las experiencias de lectura y escritura literaria en los talleres de arte del Ciclo Básico Unificado en la Universidad Nacional de Villa María. Toda extrapolación a otros espacios queda a gusto del lector que quiera llevar mis inquietudes sobre el canon literario al espacio de sus prácticas.

Cuando enseñamos a leer y escribir literatura disponemos interesantes consignas, ajustamos nuestro vocabulario al destinatario y creamos un agradable clima para aquello que más gusta al italiano Gianni Rodari (Gramática de la fantasía.1996): inventar e imaginar.

La literatura es imaginación puesta en palabras, juego de las sílabas que vienen rodando desde siglos –y en nuestro español es así- para producir ese objeto bidimensional que es el texto. Pero ¿hay algo más que por lo general se nos escapa cuando enseñamos literatura? ¿Algo no referido pero esencial? Sí, hay algo que por lo general no es contado, ni discutido en los talleres de escritura y lectura literaria y que la práctica ha naturalizado en tal grado que se torna por lo general invisible. Estamos hablando de lo que damos a leer, es decir, lo que se conoce como las problemáticas del canon literario, en cuya definición “se dirimen centralidades y periferias, valores y disvalores literarios (…) [lo que implica] también (…) qué literatura va a ser leída y qué literatura no va a ser leída y de qué manera” (Kohan, M.).

Si en la práctica literaria, por lo general, se naturaliza el hecho de elegir ciertos texto, quiere decir que el docente no está reflexionando sobre el carácter necesariamente construido de canon, en cuya delimitación se juegan decisiones de distinta naturaleza, entre ellas “lo que se hace (…) desde la crítica literaria (…) las políticas editoriales (…) el papel que juegan los medios de comunicación (…) La acción o la inacción de las políticas de Estado” (Kohan, M.).

En las universidades, por ejemplo, las modas de leer unos autores u otros se suceden, y la explicación muchas veces se da apelando a los intereses, gustos, o la biografía del profesor, sin atender la compleja red de factores que supone la constitución de un corpus de textos. Los libros no se amontonan sobre la mesa del profesor por azar, por gravedad (los más pesados abajo y los livianos arriba); en la constitución del canon de lectura indiscutiblemente se ligan decisiones estética, axiológica e ideológicas fuertes.

En primer lugar, leer literatura supone la existencia de una o más concepciones de ella, que pueden emerger para organizar el espacio de textos. Digo más de una, porque el docente, quizás sin saberlo, en ciertos contextos utiliza una y en otros otra. Esto no creo que sea grave, es adecuación al contexto; lo grave es que no se sepa, que no se transparenten las categorías operativas y, como se dijo, se naturalicen las prácticas. Por ejemplo, si trabajo con el tema del viaje quizás pueda ligar Mascaró, de Haroldo Conti y Un viaje terrible de Arlt, pero es necesario  que queden claras las categorías que articulan el recorte y sobre todo nuestra concepción de literatura.

En segundo término, la literatura es juego axiológico, que supone una o varias visiones de mundo. De este modo, a la hora de escoger textos, armar grillas de lectura, estructurar un corpus, es importantísimo entender qué valores deseamos enfatizar, entendiendo que “los valores literarios (…) se modifican históricamente. (…) Es la institución en sus diversas articulaciones (…) [la que] determina cuáles son los valores literarios. (…) El canon se formaría entonces por medio de estas complejas operaciones de la institución literaria” (Kohan, M).

La reflexión de Kohan es importantísima y retoma los aspectos centrales de la discusión sobre el canon. Es claro que resulta un asunto difícil de delimitar, puesto que constituye lo que en teoría de la literatura se llama un concepto fundacional y que organiza las discusiones sobre lo literario en un momento de la historia. Parece acertado asumir las dimensiones políticas, axiológicas, estéticas como parte de los criterios, muchas veces explicitados, otros no visibles, para recortar un canon. Como se ha dicho, y que Kohan lo sintetiza con precisión, todo canon supone recorte de algo, para alguien y en algún aspecto o relación -una mirada peirciana sobre el signo-canon- si se me permite. No se construye un canon en ‘vacío’, en ningún lugar; son los agentes sociales configurados en instituciones los que pugnan por imponer formas de leer, escribir; catapultar géneros y desterrar otros, para imponer modos de decir, lo que Barthes llama lo leíble, que se articula con lo decible y escribible en una cierta época. Así, los agentes (los escritores que dominan el campo literario- posición bloomniana), y las instituciones (que organizan también las formas legítimas y estructuran los verosímiles) construyen, podríamos decir, un canon dominante que se impone por sobre la presencia de otros cánones marginales, ‘fronterizos’. Digamos, la historieta, aún la de mejor calidad como la escrita por Héctor Oesterheld, no participa, en principio, del mismo canon dominado por la literatura borgeana. Pero los dos espacios tienen su público, su circuito de lectores, su presencia diferenciada en la escuela.

A esta altura del discursos, y sabiendo que sobre todo esto se juegan opiniones muy personales, quisiera solo enunciar un concepto que me habilita más preguntas que certezas. Estoy hablando de la ideas de la singularidad como contrapartida de la dominancia de un canon establecido. No en el sentido de recorte antojadizo, caprichoso de textos que doy para leer, o consignas para escribir, sino singularidad que se construye en las elecciones y selecciones personales cada vez que miramos hacia arriba al leer algo (Barthes) y sabemos que ese libro se quedará. Cada vez más se me pega la idea de la singularidad como contra-efecto de las presiones de la industria cultural, las ‘puntas de góndola’ de las editoriales y librerías, de las modas académicas. Cada vez me parece más claro el canon como recorrido del deseo sobre ese espacio tan particular que es la literatura. Espacio de las resonancias de voces, recorridos muchas veces antojadizo, que suponen distintos momentos: mirar, seleccionar, leer, jerarquizar como operaciones que nacen en el sujeto, en cada maestro. Es claro que estoy hablando de un sujeto que puede tener la libertad de hacer todo este escrutinio sin dejarse tentar por las imposiciones del polisistema literario (Itamar Even-Zohar Teoría del polisistema), las autoridades de turno, las censuras y persecuciones ideológicas. Como Odiseo en los mares de la Jonia, debemos superar los cantos de sirenas del mercado, las academias, las modas que organizan las ‘bajadas’ y realizar nuestros propios recorridos de lectura, nuestro singular canon en el que Fontanarrosa desayuna con Di Benedetto, sin dramas ni altercados. Las instituciones educativas, y sus maestros, profesores, tiene el gran desafío, en tiempos de enorme producción literaria, de dominio de la industria cultural (Adorno), de hipertrofia de lo efectista por sobre la calidad, de propiciar la constitución de sus propios recorridos de lectura, sus propios trabajos de escritura. Quizás de esa manera, siendo críticos sobre lo que damos a leer, sobre lo que proponemos que escriban nuestros alumnos es que daremos cuenta que la literatura es un espacio abierto, con cánones que pugnan por dominar la escena de una época, pero sin obligaciones para seguirlos.

En el medio de esta gran pelea por lo legítimo, lo apropiado, lo literario, lo no literario, lo viejo, lo interesante, lo nuevo, aparece el maestro crítico diciendo a sus alumnos: “esta pila de libros sobre el escritorio, es el canon, mi canon, tengan la libertad de seguirlo, tengan la libertad de contrariarlo, tengan la libertad de construir el suyo”.

Dr. Fabián G. Mossello
Julio de 2011
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Trabajo protegido por derecho de autor.

jueves, 4 de agosto de 2011

“El libro sólo desaparecerá con el último hombre”


EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS


Portada  »  Culturales  »  “El libro sólo desaparecerá con el último hombre”
4 de Agosto de 2011
Fabián Mossello
“El libro sólo desaparecerá con el último hombre”
Docente y tallerista del Profesorado en Literatura de la UNVM,
Mossello habló del nuevo periodismo, la novela policial, la historieta
y el futuro del libro


“El libro es un puente entre el mundo y el hombre”, afirma el docente villamariense



4 de Agosto de 2011
Fabián Mossello
“El libro sólo desaparecerá con el último hombre”
Docente y tallerista del Profesorado en Literatura de la UNVM,
Mossello habló del nuevo periodismo, la novela policial, la historieta y el futuro del libro



Si algo caracteriza al profesor Fabián Mossello, es su versatilidad para hablar de Literatura, materia que dicta, estudia, ejerce y respira. Y cuando digo Literatura no me refiero sólo al arte de componer textos, sino también a toda su periferia en el campo de la escritura, esa que va desde el periodismo a la historieta, de la ficción a la no ficción, de la narración a la crónica o del libro clásico al libro electrónico. Por eso, cediendo una hora de su profusa agenda laboral en el Campus, Mossello respondió a esta suerte de ping-pong, a esta entrevista que busca trascender el ámbito universitario e instalarse como conversación entre todos aquellos que aman los libros.


De eternautas, hombrecitos y policías

Durante mucho tiempo te abocaste al estudio de la historieta como parte del género narrativo, ¿qué fue lo que te fascinó?
- “La historieta es un espacio mágico y durante mucho tiempo fue un género periférico en el campo cultural. Y a mí me gusta lo que se queda al margen, lo que se cae del plato de la cultura dominante pero contiene un alto valor artístico.”
Tus trabajos críticos se orientaron hacia la historieta de Ciencia Ficción…
- “Sí, y fueron con Oesterheld a la cabeza. Tal vez porque “El Eternauta” conserva ese nivel de sorpresa y transgresión, de aventura de sentido y de la imaginación que el arte siempre debe mantener, lejos quizás de los avatares de la mala cultura de masas de hoy, dominada casi totalmente por el espectáculo televisivo.”
El Siglo XX se caracterizó por la fragmentación de los géneros, sin embargo mucha de su literatura más potente pasó por el folletín popular, ¿por dónde pasa hoy?
- “A mi entender, hay dos espacios de escrituras que han cooptado la escena. Uno de ellos es la literatura policial. El otro, en cambio, es más heterogéneo y está compuesto por las diversas escrituras del “yo”, las que tienen que ver con nuevas subjetividades, géneros, e historias de vida. Entre eso nos vamos a entretener durante algunos años más.”


Nuevo periodismo y literatura argentina

Siempre has valorado lo que escritores como Rodolfo Walsh, Osvaldo Soriano y Roberto Arlt escribieron desde el periodismo. Esos artículos, ¿son para vos literatura de primera clase?
- “Los textos que escribieron estos autores significaron en su momento unas innovaciones que muchos no entendieron. No había lector para esas obras en el momento en que fueron escritas. Pero el tiempo fue dándole a cada uno un lugar dentro del campo literario. Los tres que nombrás son autores de primera, que siguen generando sentidos y lecturas.”
¿El buen periodismo es siempre buena literatura?
- “Sin dudas; pero no el que se escribe en las agitadas redacciones y que muchas veces repite fórmulas. El periodismo es un espacio de alto valor escriturario, que inaugura muchas veces fuertes innovaciones en el campo literario. El Nuevo Periodismo es un caso clave. Sus escrituras modelaron las prácticas de muchos novelistas.”
¿Creés que el libro está en vías de extinción en su formato tradicional, como vaticinan muchos apocalípticos de Internet y del e-book?
- “Creo que nuestro Siglo XXI se edificará sobre espacios cada vez más separados y diferenciados. Lo digo por algunos indicios muy fuertes que emergen de mis trabajos con la cultura. Por un lado, se agigantará hasta lo inconcebible la oferta de la escritura unida a la tecnología (libros digitales, dispositivos, bibliotecas virtuales); por el otro, habrá un contra-efecto, no sé si de resistencia o de conservación de ciertas formas que nos son más naturales.”
¿Y el libro en su formato clásico?
- “Muchos seguirán cultivando la lógica del libro impreso. Habrá toda una cultura que seguirá sus formas, sus lectores. El libro es un puente entre el mundo y el hombre, un lugar de los indecibles que la escritura hace visible. Y eso sólo desaparecerá con el último hombre.”
Ahora que el tema está de moda, decime algunas palabras acerca del eterno River-Boca entre los géneros ficcionales y no ficcionales…
- “La no ficción tiene más corta edad que la ficción, pero ya tiene sus lectores. Ambos espacios comparten la escritura, la invención, la imaginación y el hecho de contar una historia. Son dos caminos compartidos de nuestra memoria cultural y por eso son primas hermanas o casi hermanas.”
Una de tus especialidades es la literatura argentina del Siglo XX. ¿Qué podés decir sobre esta fabulosa creación cultural de nuestro país?
- “Que nuestra literatura ha sido tan fuerte que ha servido de modelo para otras. Nuestro Siglo XX está marcado por la figura descomunal de Borges, pero también por Ernesto Sábato, Rodolfo Walsh, Osvaldo Soriano, Haroldo Conti, Héctor Tizón y Juan José Saer… Toda lista es odiosa... Todas son figuras, entre otras muchas, que han puesto nuestras idiosincrasias en otros lugares.”

Iván Wielsikosielek
Especial UNVM












Nota completa: http://www.eldiariocba.com.ar/noticias/nota.asp?nid=40719

martes, 14 de junio de 2011

El Libro de los Talleres Imaginarios





El Taller Imaginarios, nombre artístico del grupo que conforman los alumnos de la Universidad Nacional de Villa María que asisten al Módulo de Arte en la Sede Córdoba, han participado del El libro de los Talleres que la editorial Dunken organiza todos los años. En esta oportunidad han escrito Soledad Álvarez, Norma Gavier, María Florencia Maggi, Analía Moreno, Silvia Risso, Florencia Rodríguez, María Isabel Romero Molina y Virginia Sosa del Río. La experiencia de publicar en una editorial de Buenos Aires nos alienta a seguir con nuevos proyectos que se concretarán durante el 2012.

Fabián G. Mossello Coordinador de Imaginarios.




lunes, 13 de junio de 2011

Ernesto Sábato Entre el átomo y la palabra

                                                                                                                     




Ernesto Sábato
                       Entre el átomo y la palabra
                                                                                                
                                                                                              Fabián G. Mossello

Escribir sobre un escritor que aún estaba vivo, pero que era en sí una leyenda por su obra y su longevidad, era ya un desafío. Ahora que el escritor ha muerto, antes que empezara a escribir aquella nota, se me ocurre un desafío doble. Es que la muerte amplifica los nombres, construye mitos donde antes habitaba el hombre y la palabra. Este es el caso de Ernesto Sábato, cuya reciente muerte ha reactivado las memorias sobre un escritor algo olvidado en los últimos tiempos.
Para contar sobre él, y rendir un homenaje mínimo desde el recuerdo, no apelaré al discurso de la academia -a la que pertenezco- y los recursos del crítico literario con sus arideces conceptuales. Sólo voy a ser un simple lector de Sábato. Como dice Roland Barthes, escribir unas lecturas supone ´levantar la cabeza´, hacerles guiños al texto para evocar las relaciones de nuestros propios recorridos con los que el autor nos invita a transitar. Haré, entonces, una lectura plural, abierta a las redes textuales, la emoción y también la ocurrencia. Por lo tanto, intento no inscribir un artículo o monografía del escritor; más bien me inclino a pensar desde el género que los latinoamericanos hemos escogido como camino de las ideas: el ensayo. Un ensayo sobre Sábato voy a escribir.
Escritor del inconsciente; alambique del antirracionalismo y creador de una obra singular, Sábato es uno de los pocos que pudo, durante el siglo que lo albergó, el XX, escapar al influjo de las modas, llámese Borges, Marechal, Cortazar o Arlt, y producir una obra con marcas únicas. Desde sus temprano ensayos y novelas como Uno y el Universo (1941), El Túnel (1948), Hombres y Engranajes (1951), para llegar a su obra principal Sobre Héroes y Tumbas (1961) y más tarde Abaddón el Exterminador (1974), hasta sus ensayos de madurez Antes del Fin (1998) y La Resistencia (2000), Sábato no deja de proporcionarnos cuotas equilibradas de angustia y esperanza como parte de un oxímoron conceptual que vertebra toda su obra. Rara síntesis que lo aleja, al mismo tiempo, del nihilismo de Arlt y del alambique intelectual de Borges. Sabato es Sabato.
Esta singularidad quizás se pueda entender en la convergencia de factores disímiles que articulan datos de su vida familiar, su formación académica y sus ‘oficios terrestres’ de escritor. Hijo de inmigrantes calabreses, Sábato nació en la ciudad de Rojas, Provincia de Buenos Aires en 1911. Al terminar sus estudios en la escuela primaria, debió viajar a La Plata para completar la escolaridad secundaria en el reconocido Colegio Nacional, en el que conoció a destacados escritores como Pedro Henríquez Ureña. Su vinculación con La Plata fue determinante para el futuro de Sábato, por lo menos en esta primera etapa de su vida, cuando ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la que egresó como físico. Sus estudios lo llevaron más tarde, a Francia, a trabajar con la vanguardia en investigaciones atómicas, en el laboratorio Curie, en donde tomó conciencia de la potencialidad destructiva que se esconde en lo ínfimo de la materia: el átomo. Poder que vinculará, más tarde, y lejos ya de la ciencia, al proceso creciente de deshumanización del hombre en manos de ella.
Esta tensión entre ciencia y hombre, articulará diversos complejos temáticos y gnoseológicos, que en la escritura sabatiana se plasman en personajes, historias, conceptos y visión del mundo, para configurar intensos y originales complejos míticos, entre los que se destaca la idea de que ciencia deshumaniza al hombre, y genera, de una forma u otra, dolor, espanto y guerra.
A la luz de esta matriz genética se alinean ensayos fundacionales como -Hombre y Engranajes (1951)- y, sobre todo, su última novela Abaddón el Exterminador (1978), que articula, a través del recurso de la autoficción (un personaje principal, que no sólo investiga en el Curie, sino, además, lleva casi el mismo nombre del escritor) la crítica a la desintegración del átomo, en tanto metáfora de la desintegración del hombre contemporáneo. Ante las ascuas de una fusión atómica inevitable, el físico de Abaddón se va a tomar un café y prefiere no ser testigo del acontecimiento que dividirá dos eras:

Le pregunté a Cecilia si había hecho las mediciones (…) Sí, naturalmente (….)
-Qué pasa- le grité-.
Se asustó y buscó su electrómetro (…)
Busqué un recipiente con el actinium y lo saqué del tubo de plomo. Pero estaba distraído, me equivocaba torpemente.
Lo volví al tubo y decidí ir a tomar un café (Abaddón, pág. 86).

Abaddón es metáfora de nuestro mundo y, en la encrucijada de discursos filosóficos y literarios, Sábato se lanza a una de sus tantas utopías: la de demostrar que la ciencia ha desmembrado -como el átomo del Curie- el espíritu del hombre, hasta hacerlo máquina, engranaje de un mecanismo sin fin. Recuerdo una película reciente Matrix y no dejo de asombrarme por la vanguardia de Sábato.
Para el escritor, la tensión entre hombre y máquina tiene su origen en el espíritu de división y fragmentación iniciado en el Renacimiento y que continúa, con matices, hasta nuestros días. Como dice uno de sus críticos más lúcidos, Luis Waimerman, para Sábato:

El siglo XX se dice, es la consecuencia del Renacimiento. Uno de los sentidos, llamémosle históricos de la obra de Sábato es mostrar que la revolución científica de la Nova Ciencia se debió a un mero cambio de mirada. Ya no el asombro cándido proveniente de los contemplativos físicos griegos, sino la incauta astucia del lince renacentista” (Waimerman, pág.111).


El otro gran complejo de pensamiento lo constituye su visión sobre la naturaleza humana. Sábato insiste, desde sus primeros escritos, en la pervivencia en el hombre de una materia contradictoria -oscura y clara- al mismo tiempo, que opera sobre sus conductas, y los modos de hacer cultura e historia. Dos de sus novelas, que sobresalen en la producción sabatiana por sus recorridos de lectura -El túnel (1948) y Sobre Héroes y Tumbas (1961)-, responden a este itinerario filosófico-literario; las figuras de Martín y Alejandra son emblemáticas y representan esa cosmovisión existencial compleja entre la soledad y el vacío sartreano, y la esperanza como teleología de un futuro:

Los dolores de Martín se habían ido acumulando uno a uno sobre sus espaldas de niño, como una carga creciente y desproporcionada (…) De modo que él sentía que debía moverse con cuidado, caminando siempre como un equilibrista que tuviera que atravesar un abismo sobre un alambre, pero con una carga grosera y maloliente, como si llevara enormes fardos de basura (Sobre Héroes y Tumbas, pág 23)

Situación que se equilibra con la conexión interpersonal con Alejandra, punto de partida en la cosmovisión sabatiana, de otros valores espirituales, que remedan la caída del sujeto por el peso de la culpa:

Una ansiedad en tus ojos, debajo de esa frente que parece un balcón saledizo. Pero no sé si es todo eso lo que  me gusta en vos. Creo que es otra cosa (…) Que tu espíritu domina sobre tu carne, como si estuvieras siempre en posición de firme (…) Tu espíritu reinando sobre tu cuerpo como un dictador austero (Sobre Héroes y Tumbas, pág. 9).

Mucho se ha hablado de estas dos novelas, y sobre todo del delicado problema de los ciegos. En la teratología sabatiana, los ciegos son una metáfora; Sábato no está hablando del mundo de los no-videntes, que merecen todo nuestro respeto y consideración (el mismo Sábato promediando los 75 años ya estaba prácticamente ciego y había trocado la escritura por la pintura), sino más bien de una figura, que por haber perdido la vista, ‘ve’ lo prohibido del mundo, sus íntimas oscuras conexiones  que ligan los hilos de la causalidad (no de la casualidad como dirá Sábato en muchas entrevistas). Los ciegos son figuras emblemáticas en Sobre Héroes y Tumbas, en el más deslumbrante recorrido onírico-escatológico de su obra: El Informe sobre Ciegos. En este texto, Sábato sintetiza la doble vertiente de su escritura, operación axiológica, a la vez de desprecio y fascinación por los márgenes ocultos del mundo, por los laberintos entre el sueño y la vigilia, por los personajes crepusculares. En este sentido, la aventura de Fernando Vidal Olmos por el subsuelo de Buenos Aires es paradigmática.
En otro sentido, el ciego es un recurso que se vincula con el la ciencia. La ceguera sería el castigo que le depara al hombre de ciencias por “haber penetrado un secreto, por su curiosidad científica y su violación de lo sagrado” (Sobre Héroes y Tumbas, pág. 86). Es decir, el personaje de Sobre Héroes y Tumbas, Fernando Vidal Olmos, atrapado en las entradas de la iglesia de Belgrano, no es más que un sujeto atrapado por el misterio que esconde la superficie del mundo. En esta enorme metáfora sobre la contemporaneidad, somos castigados por querer violentar el mundo natural con nuestra mirada de ‘lince renancentista’. El castigo ante tal presunción es la ceguera o la muerte. En la más alucinante de todas las imágenes, Fernando Vidal Olmos se nueve lentamente sobre un río oscuro y denso, tenuemente iluminado por un sol nocturno que ilumina una infinita caverna hecha, por no se sabe quién. La travesía sobre ese Aqueronte vernáculo, despliega todos los signos de la culpa por haberse violado los secretos de la vida; tal vez no debamos ser muy inteligentes para ver que Sábato vuelve, con esta imagen crepuscular, una vez más al problema del hombre de ciencia que quiere saber más; por ello Vidal Olmos, en esa pesadilla cognitiva, quedará cruelmente ciego:

Hundido en el barro, con el corazón latiendo agitadamente en medio de aquella inmundicia que me envolvía (…) vi cómo los grandes pájaros planeaban lentamente sobre mi cabeza (…) Sentí que aquel pico entraba en mi ojo (Sobre Héroes y Tumbas, pág. 108).

La ceguera de Vidal Olmos es también la ceguera del hombre contemporáneo que, obnubilado por su dominio, se interna en la materia oscura de nuestra existencia, de la que, como dice Sábato, sólo tenemos esas impresiones opacas, ecos, luces difusas que asedian en cada calle, en cada esquina, en cada rostro. Es decir estamos atravesados por un impulso que nos lleva a desintegrar lo natural para saber sobre sus secretos, pero indefectiblemente esto producirá el castigo de la ceguera.
¿Como salir de esa encrucijada existencial? En Sobre Héroes y Tumbas, Martín, aconsejado por Bruno, el filósofo e imagen especular en el texto del mismo Sábato, toma el camino del sur, la Patagonia, un espacio siempre vigente de utopías y destierros. Viajar, salirse del círculo perverso de los Vidal Olmos, será también proyectarse hacia un futuro promisorio en una tierra todavía no conquistada. Sábato, de algún modo, volverá sobre estas angustias del vivir en su obra de madurez, pero ya con las reflexiones de un escritor octogenario. El resultado de esas escrituras se ve planteado en dos libros ensayísticos, Antes del Fin  y La Resistencia (2000) en los que desarrollará con mayor insistencia su tesis de juventud, cuando dejó la ciencia por la literatura, pero recubierta por la experiencia de casi 100 años de vida. Para Sábato la salida de esta encrucijada está en el arte, punto de encuentro de lo humano del hombre con un hacer que se proyecta hacia valores indiscutibles como el amor al otro, la solidaridad, la paz y la vida comunitaria.
La resistencia y Antes del Fin se alejan, al mismo tiempo, tanto del anti- cientificismo de Hombres y Engranajes-  como de las posiciones psico-existenciales al estilo de los protagonistas de El Túnel y Sobre Héroes y Tumbas, y sus dejos sombríos a los Cantos de Maldoror del Conde de Lautreamont. En sus textos de madurez, articula un juego que insiste en la esperanza como eje vertebrador de lo humano. En esto vuelve a sus viejos axiomas, de un irracionalismo fundacional, sentando en las base de una axiología romántica y espiritualista.
Antes del Fin (1998) es su testamento literario. El ensayo desborda los límites impuestos por sus ficciones y también sobrepasa con madurez, las premuras de los primeros escritos que habrían de resolver el problema del hombre en una ecuación de blancos y negros. En Antes del Fin,  recalca la importancia de la solidaridad, el amor hacia el hombre que, a pesar de los desastres que genera, es capaz de perfeccionar su existencia en pos de la vida. Es aquí donde una cosmovisión cristiana comienza a plegarse sobre el discurso sabatiano -tal como le ocurrió al poeta español León Felipe-. Al final del camino creativo se va acercando a una cosmovisión dual, en la que un proceso de ascesis vertebra la existencia y lo lanza hacia proyectos esperanzadores.
También se destaca el otro libro, La resistencia (2000), que delimita un proyecto de escritura sapiencial, en forma de lecciones, a la manera de los ancianos tribales, que tanto le gustaba recordar a Sábato. El libro es un bálsamo que amortigua los impactos de la vida contemporánea y proyecta una visión esperanzadora que se desgaja en cada palabra:

Me he puesto a escribir casi a tientas en la madrugada, con urgencia, como quien saliera a la calle a pedir ayuda ante la amenaza de un incendio, o como un barco que, a punto de desaparecer, hiciera una última y ferviente señal a un puerto que sabe cercano pero ensordecido por el ruido de la ciudad y por la cantidad de letreros que le enturbian la mirada.
Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Nos pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre” (La resistencia. 12).

Un discurso que suena excéntrico para estas épocas de autoayudas fáciles y baratas. Me parece, releyendo ese texto para este ensayo, descubrir en Sábato las marcas de un proceso complejo de autoconocimiento, que proyecta con fuerza conceptos amasados por décadas, y decantados por la  ley del tiempo. La oscuridad de sus textos iniciales, reducto de lo perverso y tenebroso del ser humano, se ha convertido en espacio donde la vida resiste:

Hay algo en el ser humano, allá muy adentro, allá en regiones muy oscuras, aferrado con uñas y dientes a la infancia y al pasado, a la raza y a la tierra, a la tradición y a los sueños, que parece resistir a ese trágico proceso resguardando la eternidad del alma en la pequeñez de un ruego (La Resistencia, pág. 34).

Sábato también fue protagonista de uno de los momentos clave de la historia política de la Argentina. Aquellas años posteriores a la Dictadura militar lo involucraron en “las escrituras del horror” en lo que se llamó el Nunca Más. En palabras de los responsables del Archivo Nacional de la Memoria y el mismo día en que el escritor dejara de existir se dijo:

A fines de 1983, cuando aún no se había disipado la bruma del miedo y el horror de la dictadura terrorista que había asolado nuestra patria, Ernesto Sábato, aceptó el enorme desafío de presidir la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP) (…). Ese gesto de coraje civil y la excelencia del trabajo realizado, permitió que en apenas nueve meses de tarea febril, recopilaran las testimonios de familiares de casi 8.000 hombres, mujeres y niños, detenidos desaparecidos, elaborando el informe "Nunca Más" que de allí en más, ha pasado a ser uno de los documentos más emblemáticos de nuestra historia nacional. Un testimonio de la noche más cruel y perversa de 1810 a la fecha. Un documento irrebatible sobre el Estado Terrorista, del cual aún somos tributarios, puesto que es una de las pruebas fundamentales en los actuales y futuros juicios contra las responsables de la comisión de crímenes de lesa humanidad (Archivo Nacional de la Memoria, 2011).

Sábato se nos presenta como un intelectual, un escritor marcado por la tensiones que estructuraron buena parte del siglo pasado. Cientificismo, creación, deshumanización, viajes, horror y tortura atraviesan las coordenadas de un siglo, el XX, a la vez germinal y trágico; enorme en producciones culturales, pero también, en la paradoja que tienen las historias humanas, tiempo de los mayores exterminios y totalitarismos. En estas coordenadas, la obra de Sábato es testimonio singular de los esfuerzos, de un maestro de la palabra, por hacernos entender un mundo, dinámico y cambiante como aquellos átomos que vio en el laboratorio Curie.







viernes, 14 de mayo de 2010

Biblioteca general

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