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lunes, 22 de abril de 2013

Crítica. Microhistorias e identidad en un relato de vida


Microhistorias e identidad
en un relato de vida



Magíster y Especialista :  Fabián G. Mossello
[artículo con Derechos de Autor, utilizar citando la fuente]

1. El trabajo que presentamos intenta dar cuenta de las posibilidades que tienen ciertas prácticas discursivas para construir identidades. A tal fin, analizaremos un relato de vida producido por un informante adulto mayor, a partir de las experiencias como niña desde Italia natal hasta Argentina, y sus primeros años en la zona rural de Villa María, Córdoba.

2. La problemática de la identidad ha tenido, en los últimos años, una expansión significativa, ‘impregnado’ buena parte de los estudios en Ciencias Humanas y Sociales. Así, han cobrando importancia, tanto las “identidades étnicas, regionales, lingüísticas, religiosas, (…) [como] los nuevos espacios (…) de las identidades políticas (…) las nuevas ciudadanías, (…) culturales, sexuales, de genero “(Arfuch, L.2005:24).
Problematización coadyuvada por las reflexiones emergentes del contexto general de la llamada postmodernidad que supone un replanteo de los criterios de certeza y estabilidad de las representaciones del sujeto en la historia, y de los grandes relatos organizadores de la cultura. En el contexto de “una época donde la sensibilidad y la creatividad del hombre enfatizan más la incertidumbre frente a su propia figura y al mundo, que el pensar desde creencias compartidas en la irrefutabilidad de las mismas, para operar sin vacilaciones, a partir de ellas, sobre la realidad” (Casullo. 1993:14), la identidad tiende a redefinirse lejos de los principios esencialistas.
Pensar desde la esencia es sostener, que aquello que los hombres definen como su identidad, es decir, el conjunto de representaciones que los identifica como individuos pertenecientes a un grupo, clan, sociedad, región o estado, entre otras posibilidades, se mantiene incólume en el tiempo. La idea corriente de tradición está ligada a este tipo de identidades y supone que los hombres deben conservar o rescatar ‘algo’ que es exterior a los sujetos y que los identifica. De allí derivan, por ejemplo, ciertas búsquedas de identidad nacional en tanto invariante histórica y cultural, esto es, objeto de valor definido y que sólo se debe descubrir, tomar y reproducir.
Por el contrario, las reflexiones en torno al lenguaje y su capacidad constructiva del mundo, el llamado ‘giro lingüístico’, puso en tela de juicio los principio estáticos del esencialismo, para redefinir la identidad como una “construcción nunca acabada, abierta a la temporalidad, la contingencia, una posibilidad relacional sólo temporariamente fijada en el juego de las deferencias”(Arfuch, L.2005:24).
Es decir:

La identidad no es una esencia metafísica que define a los individuos más allá de cualquier conciencia que puedan tener de ella (...) sino una autodescripción en el seno de una comunidad que los agentes hacen propia a través de la socialización y que puede visualizarse empíricamente en las expectativas y códigos que ponen en funcionamiento cuando se embarcan en acciones comunitarias (Kaliman, R. 1978:286).

Estas autodescripciones son ‘haceres’ y ‘decires’ históricos, culturalmente modulados por todos los factores que hacen de las sociedades espacios dinámicos y cambiantes. Zygmunt Bauman (2003) comenta que si

El problema moderno de la identidad es cómo construirla y mantenerla sólida y estable, el problema posmoderno de la identidad es en lo fundamental cómo evitar su fijación y mantener vigente las opciones (...) (Si) la palabra comodín de la modernidad fue creación, la palabra comodín de la posmodernidad es reciclaje” (Bauman, Z. En: Hall, S y du Gay, Paul. 2003:40).

Las particularidades expresadas por Bauman (2003), como ya enunciamos, se visualizan con mayor énfasis en épocas de modernidad tardía, de momento que las prácticas identitarias se presentan de manera discontinua, enfatizando el efecto de fragmentación que produce las condiciones para una red de intersubjetividades sustentadas y soportadas por el lenguaje.
En este marco de teorías, “y quizá como consecuencia de la emergencia sintomática de las problemáticas identitarias (…),  la narrativa, como perspectiva teórica y analítica, adquirió relevancia, tanto para la disciplina histórica como para las ciencias sociales, sin desmedro por cierto de la teoría literaria” (Arfuch, L. 2007).
Este hincapié en la narración, implica reflexiones que enfatizan la “dimensión (..) simbólica de la identidad; el hecho de que ésta se construya en el discurso y no fuera de él (…), coloca la cuestión de la interdiscursividad social, de las prácticas y estrategias enunciativas, en un primer plano” (Arfuch, L.2995:25).
Así,  y como consecuencia de lo dicho, el énfasis en la narración proyecta una serie de prácticas discursivas al espacio de las discusiones sobre la identidad, cobrando importancia “la microhistoria, la historia oral, la historia de las mujeres, el recurso de los relatos de vida y los testimonios” (Arfuch, L.2005:22).
Para Paul Ricoeur (1995), autor clave para las reflexiones identitarias contemporáneas, es necesario separarse “de la ‘ilusión sustancialista’ de un sujeto ‘identico a si mismo’, pero sin desatender, sin embargo, el principio esencial de autoreconocimiento” (Arfuch.2005:26). Al problema de una identidad “entendida en el sentido de un mismo (idem), se sustituye la identidad entendida en el sentido de un si mismo (ipse); la diferencia entre idem e ipse no es sino la diferencia entre una identidad sustancial o formal y la identidad narrativa. (Arfuch.2005:26).
La identidad narrativa, así, se articula entre el polo de la mismidad, “que cubre todo aquello [del[ sentido clásico de la noción de identidad” (Robin.1994:38) y la ipseidad, es decir, la idea de una identidad que no está nunca terminada” (Robin.1994:38).
Creemos que la noción de identidad narrativa supone un punto de partida germinal para los estudios de memorias, relatos de vida y otras formas de escritura atravesadas por los ritmos de la oralidad, con sus desfasajes, asimetrías, lapsos, silencios. El intervalo entre lo mismo y la promesa de lo que será la identidad, la narración articula en forma dinámica las oscilaciones entre el tiempo de la historia, que es un fragmento de vida, y la del relato.
Queremos cerrar esta reflexión teórica con una cita que resulta clave para contextualizar nuestro análisis del relato de vida escogido, pues

El contar una (la propia) historia no será entonces simplemente un intento de atrapar la referencialidad de algo “sucedido”, acuñado como huella en la memoria, sino que es constitutivo de la dinámica misma de la identidad; es siempre a partir de un “ahora” que cobra sentido un pasado, correlación  siempre diferente –y diferida- sujeta a los avatares de la enunciación. Historia que no es sino la reconfiguración constante de historias divergentes, superpuestas, de las cuales ninguna puede aspirar a la mayor representatividad (Arfuch, L. 2005: 27).

3. El texto que analizamos fue escrito por una informante mujer, adulto mayor de origen italiano. El escrito responde a lo que se conoce como relato de vida y  recrea, retrospectivamente, el itinerario del personaje Pabela, desde Italia natal, hasta Argentina y, en particular, la Pampa Húmeda cordobesa.
El relato de vida escogido es parte de un texto mayor que la informante prepara sobre su vida –su autobiografía-. Lo seleccionamos, entre otras, porque conserva rasgos de oralidad primaria, lo que le confiere espontaneidad y relativa baja mediación de los modos formales de la escritura literaria. Sobresale, de este modo, una enunciación fragmentaria a partir de la cual los recuerdos emergen con cierta naturalidad otorgándole, además de ‘espesor literario’, calidad al recuerdo.
Cosas de Pabela es sugerente ya desde el título, al remitir, en primer lugar, a “cosas”, es decir, objetos personales de alguien; un origen subjetivo de asuntos, sin delimitación específica, que van a ser visibilizados por medio de la escritura. El complemento “de Pabela” remite al sujeto, pero a través de un nombre de personaje casi literario, que preanuncia la investidura del sujeto de la enunciación y modaliza el texto.
El cuerpo del relato de vida lo hemos dividido en partes, sin que esto signifique  la parcelación y aislamiento de cada una de ellas, pues la lógica narrativa con que aparecen los hechos responde, más a la presentación aleatoria de microhistorias, que a un texto con rigurosa trama narrativa.
En primer lugar, el relato retrospectivo reconstruye un origen. El deíctico “yo” inaugura el relato de vida para asignar, desde las primeras palabras, la construcción del recuerdo. Nombres, fechas, lugares, circunstancias garantizan al YO el reconocimiento de una cultura, la piamontesa, marcando su condición de inmigrante de primera generación, co-seguro de una ascendencia ‘gringa de primera mano’ legitimadora de lo que dirá en el relato.
Italia es “bella” y “Villamonetta” está cubierta de nieve, asignando al espacio de partida los rasgos idílicos de muchas historias de la inmigración en Argentina. Esta operación de idealización modalizará el resto del relato de vida de Pabela, en el que sobresale el recuerdo emotivo del pasado.
De Italia se abren las referencias breves, pero significativas, al espacio móvil por antonomasia del inmigrante: “el buque”. Lugar fundacional del enunciador, el barco aparece inaugurando “los primeros pasos” de la vida, para resignificar  un modo de caminar; significativa alusión humorística de un origen, coseguro del saber vehiculizado en el texto:

Mis primeros pasos los di en el buque que nos traía, según mi  familia,  esto se nota en mi forma de caminar,   ya que no puedo seguir un trecho en línea más o menos recta  sin desviarme.

En este sentido, si el primer bloque del relato parece asentado en la construcción de lo que ha quedado en algún rincón de “mi inconsciente”, lo que sigue más bien es resultado de la emergencia discontinua, aleatoria de distintos hechos vividos, que por su significancia y valor, emergen a través de significantes, en su mayoría eufóricos, que instalan la sorpresa, la expectación ante lo nuevo.
Así, el ingreso al país y las vivencias de infancia en los campos de la Pampa Húmeda, están atravesados por los clichés del relato de inmigrantes. En términos todavía generales, el enunciador remite a los temas que emergen con intensidad de la nueva realidad, del nuevo espacio que hay que conocer, pero que también tiene su historia. De este modo, el relato retrospectivo activa una serie de asuntos que se narran desde la experiencia personal del YO, entre lo que sabe como inmigrante italiana y lo que hay que aprender de la población vernácula.
Un primer tema relevante de este recorrido rural es la referencia al espacio de ‘aquí’. A partir de una serie decreciente que incluye Argentina, Pampa Húmeda cordobesa, “montes” y  “pequeña localidad” (Los Zorros)[1],  se construye la arcadia americana a través de variados recursos del lenguaje, entre los que destacan los cromátismos, diminutivos, sabores y nombres autóctonos para referir sobre la vegetación o la presencia animal, que verosimilizan el enunciado y transfieren al espacio los deseos del YO:

Llegando a Los Zorros pequeña localidad donde conocí  a mi amiga más fiel del reino animal una perrita blanca y marrón pelo cortito petisona, la nombré Violeta que por varios años me acompañaría por los senderitos del monte, juntando florcitas silvestres de cien colores, variedades y perfumes. Espinillo de un bello amarillo fuerte llamado también aromito. Probando y saboreando de las frutas silvestres, piquillín, talitas, chañar, tasi de cáscara muy rugosa y dura con un pequeño corazón muy dulce la flor llamada manbucuruyá o flor de los estigmas que Jesús sufrió, caminando hasta el pie de la cruz, hasta que sería crucificado.


El cierre místico supone una traslación al nuevo espacio de sistemas de valores del inmigrante, en particular su religión, para resemantizar lo autóctono americano en continuidad con Europa –también Dios está en estos campos-, y el sacrifico –como Cristo, nosotros, los italianos, nos vamos a sacrificar- preanunciado los relatos de las gestas individuales o colectivas, tan frecuentes en los relatos  de inmigrantes.
Si el ‘aquí’ rural es motivo de sorpresa, admiración ante lo nuevo, la vinculación con otros actores es particularmente interesante.
Buena parte de los actores con que se relaciona el enunciador son representantes de lo que se conoce como ‘pampa criolla’, es decir, aquellos pobladores que nacieron en América antes de la llegada de las oleadas inmigratorias de fines del XIX y principios el XX. Dentro de otra acepción se denominan así a los mestizos –gauchos, peones, entre otros- hábiles personajes en todas las labores del campo y sobre todo en relaciona a los animales.
En el texto de Pabela, sobresale “Don Santos” como maestro del YO en los saberes específicos del entorno rural. De ahí, todo el ‘peregrinaje’ que emprende la niña de la mano del dador de saber, en un reconocimiento cargado de afectividad:

De la mano de don Santos, único contacto físico que tuve, fue conocer la variedad de plantas venenosas y urticantes, entre ellas la ortiga que crece alta y la rastrera de una florcita blanca y amarilla, cuyo fruto era como un balón de corcho, la cicuta muy venenosa que a pesar de jugar cortando fideos de distintas formas nunca un trozo a la boca, y un frutito muy rojo y tentador que si probé llamado el ají de la mala palabra (puta parió)  y saborear la uvita del monte.


Un saber que se asocia con las culturas vernáculas y permite la constitución del sujeto competente, a través de una mezcla de enseñanza biológica y chamánica. Estos saberes de una cultura anterior al inmigrante se ven reforzados por las alusiones al espacio. Don Santos no es inmigrante, es empleado del padre de Pabela y habita un “rancho”, la vivienda de un tipo social, que para el tiempo de la historia está representado por el peón rural, sucesor directo del gaucho. Este espacio construido reubica a los actores con funciones más ligadas a la tierra, los conocimientos prácticos y la sencillez de las vidas rurales:


El rancho de don Santos, como todos los otros (…) Casi siempre las construcciones estaban  iluminadas por la luz natural del sol,  la luna, y  la lumbre del fuego,  en la entrada de algunas casas  por luz de vela o un farol que funcionaba a kerosene.


En la serie criolla, el recuerdo se desplaza hacia otro conocedor de lo natural, “Don Cirilo”, destacado por realizar un trabajo ‘pesado’, el de hachero, pero clave en la economía de las pampas como es la obtención de carbón (la energía de aquellos campos):


Había un hachero don Cirilo, hombre solo, que se quedaba en época de calor y se dedicaba a quemar carbón de primera calidad, llevando siempre puesta una camiseta de mangas cortas.

Si la identidad del YO se va construyendo en relación a los espacios y actores vernáculos, a través de programas narrativos de descubrimientos y de estados pasionales de asombro ante lo nuevo que esconde ‘la cultura de la pampa’, también es importante el vínculo con los coterráneos –familiares y amigos-:

[Caminábamos] con mi madre viendo las gallinas, pollitos, chivas.

La alusión esporádica a la madre se completa con la referencia al padre y el encuentro con objetos de valor clásicos de las primeras décadas del siglo pasado:

Mi papá que me traía galletitas llamadas Mu- Mu cubierta de glacé rosa, las cuales  tenían distintas formas,  animalitos, flores hasta la forma de un niño. Solía traerme a veces unos caramelos que formaban unos pimientos chicos verdes, amarillos o rojos,  el tallo para sostenerlos y poder chuparlos era un palito blanco muy bien endurecido llevando escrito en su interior una adivinanza

La referencia a la bebida “chinchibira (…) galletitas llamadas Mu- Mu”, remite a una memoria emotiva que permite recuperar los lugares del pasado ligados al placer y el juego infantil.
La colección de recuerdos de personajes se completa con dos grupos bien definidos. Por un lado los coterráneos, discursivizado como Don José Caffaratti, piamontés y dueño de un bar, un “boliche”. La relación con el gringo José es distinta y supone un dato importante: las ligaduras entre los miembros del colectivo-inmigrantes y los posibles lazos para la reproducción de la cultura venida de Europa:

Don José Caffaratti le decía al bolichero,  bebida para mi futura nuera Ñata [Pabela]

La construcción de la identidad del colectivo al que pertenece Pabela remite, en último lugar, al idioma. Así aparecen padres, tíos y amigos y el mismo enunciador en relación afectiva con el dialecto piamontés, vehículo lingüístico de los valores que refuerzan una identidad de origen que se cultiva entre los pares y refuerza los vínculos familiares dentro del hogar. No parece haber tensión entre la cultura del piamontés y la de los actores criollos, pero el enunciador deja claro que hasta el presente (Pabela, ya una mujer mayor) ese duro dialecto montañés la acompaña:

En mi hogar hablaba con mis padres, tíos y amigos que venían de Italia, el piamontés,  saliendo afuera, el idioma de este país aprendiendo simultáneamente la forma de hablar y expresarme, es  así que  mi acento  es piamontés.


Si lo consanguíneo y el dialecto son puntos fuertes para la constitución de la identidad de los italianos de Piamonte y la consiguiente reubicación del YO como parte de ellos, es fuerte, además, la necesidad de diferenciarse de otros grupos inmigrantes como los marquellanos, rivales consuetudinarios de los primeros. Ambos grupos trasladaron sus pleitos, conflictos y pugnas históricas desde Europa a Argentina. El YO intenta distanciarse de los marquellanos, asignándole sentidos diferenciales respecto del grupo de referencia piamonteses, a través de semas que indican superstición, cerrazón aunque, en un pasaje de claro lirismos, rescata de aquellos sus esfuerzos por colonizar una tierra que le había quitado ya un hijo:

Enfrente de nuestra casa había una familia cuyos padres eran Marquellanos, creo que de  la parte llamada Marina, siendo población muy supersticiosa. Vi como en pleno invierno y noches estrelladas entre rezos y salmos sacaban una chapa de zinc del techo para darle el alma de Mario, su hijo más pequeño, a dios y que se elevara más rápido, y  volara directamente al cielo. Larga espera y en dura y lenta agonía su último hálito de vida volara en un suspiro al infinito. Noche alucinante entre el brillo de las estrellas y el grito de las aves nocturnas y agoreras hacía de esos momentos para mí duros y lentos.


4. El relato de vida de Pabela  manifiesta los trazos de una identidad “‘puesta en trama’, al modo en que se articulan tiempos, voces, protagonistas en los diversos planos de la narración, una forma que es a la vez una puesta en sentido” (Arfuch, Leonor. 2007).
Identidad soportada en una memoria cognitiva (en relación al saber), pragmática (del hacer) y emotiva (de las pasiones puestas en juego), que articulan el relato del YO:

  • Para nombrarse como parte de un mundo en su carácter de ser, su mismidad. Referencia explícita a una ascendencia italiana, piamontesa, hija de, a través de una memoria de lo contado, más que de lo vivido. Protomemoria en el sentido que se constituye a partir de los fragmentos de historias contadas al YO por informantes calificados, como padres, tíos, abuelas, entre otros coterráneos y próximos al espacio de experiencias y constitutivos del contorno etno-cultural de partida del enunciador. En este nivel, la identidad se completa con las referencias cliché de relatos de inmigrantes: “buques”, “Italia”, “nieve” para construir el viaje, motivo recurrente como espacio móvil de la esperanza. 

  • Pero también para irse constituyendo en sujeto de la sorpresa; sujeto consciente y narrador vivencial de unos itinerarios hechos de ‘retazos’, ‘jirones’ –las microhistorias de Pabela-. Identidad no fijada,  móvil, dinámica que intenta construirse en relación a lo otro – personajes, espacios, circunstancias, que satelitan en torno al YO. Es este polo, el de la ipseidad, en el que se enfatizan las relaciones intensas con la población vernácula, como modo de abrir el relato a otras voces (Bajtín) y propiciar la actividad dialógica. Así, el polo ‘criollo’ no es menospreciado por el YO sino, por el contrario, fuente de ‘saberes’, legitimando lo autóctono y poniéndolo como punto de partida para la elaboración de una identidad integrada entre las dos culturas (criolla y gringa).

La perspectiva teórica asumida en este trabajo, “particularmente pertinente para  abordar la configuración de identidades y subjetividades,  aproximarse a experiencias y memorias, tanto individuales como colectivas, [y] analizar el modo en que diversas textualidades, discursos, representaciones, imágenes, se entraman en “grandes narrativas” (Arfuch, Leonor. 2007), permitió analizar los polos mismidad/ ipseidad  en la historia de Pabela y mostrar como la narración del YO articula las microhistorias para mostrar los intentos por reconocerse como hija  compartida de Italia y Argentina.


Bibliografía

Benveniste, E.            “De la subjetividad en el lenguaje”, “Semiología de la lengua” y “El aparato formal de la enunciación” en Problemas de lingüística general, Mexico, Siglo XXI, varias ediciones

Derrida, J.                “Firma, acontecimiento, contexto” en Márgenes de la filosofía, Madrid, Cátedra, 1989

Bajtín, M.                   "El problema de los generos dicursivos", “El problema del texto en la lingüística, la filosofía y otras ciencias humanas. Ensayo de análisis filosófico” y  “Autor y personaje en la actividad estética” en Estetica de la creacion verbal, Mexico, Siglo XXI  (varias ediciones)

Ricoeur, P.                     Temps et récit, Cap.2 del Tomo I, Cap. 4 del T. 3 y Conclusión, Paris, Seuil, 1983 y 1985; Soi même comme un autre, Cap. VI, Paris, Seuil, 1991
 ( version en español)

White, H.                        El contenido de la forma, Caps. 1 y 2, Barcelona, Paidós, 1992


Robin, R.                          Identidad, memoria y relato. La imposible narracion de sí mismo. Buenos Aires, Secr. Posgrado Fac. C. Sociales/CBC,  1996

de Man, P.                              “Autobiography as De-facement” en The Retoric of romanticism,
New York Columbia University Press, pags. 67-81, 1984
“La autobiografía como desfiguración”, en La autobiografía y sus problemas teóricos” Barcelona, Suplementos 29 de Antropos,  Dic. 1991 pags. 113-118


AA.VV.                       La autobiografía y sus problemas teóricos, Barcelona, Suplementos 29 de Antropos,  Dic. 1991

Arfuch, L.                   El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea, Buenos Aires, Fondo de Cultura Ecnómica, 2002, Caps. 6 y 7.

---------                         (Comp.) Identidades, sujetos y subjetividades, Buenos Aires, Prometeo, 2003.

---------                                Seminario: El giro narrativo en las ciencias sociales
                                           Doctorado en Semiótica, CEA, Universidad Nacional de
                                            Córdoba. 25 y 26 de octubre de 2007

La Capra, D.               Historia en tránsito. Experiencia, identidad, teoría crítica, FCE, Buenos Aires, 2006- Introducción y capítulo I.


Casullo Nicolás(comp.     El debate modernidad/ 
                                             Posmodernidad. Bs.As. Ed.El Cielo por Asalto.1993. 


Hall, S y du Gay, Paul.(2003)  Cuestiones de identidad cultural. Madrid. España.
                                                     Amorrortu.

Kaliman. R.                      “Ser indio donde no hay indios”.  En Discursos identitarios en el          
                                 Noroeste argentino, en Mabel Maraña(ed.). Indigenismo
                                  hacia fin del milenio. Homenaje a Cornejo Polar.     
                                  Pittsburgh, Estado Unidos: Instituto Internacional de Lit.
                                  Iberoamericana.

                                

Anexo. Texto Fuente
Villa María 2007

Historia de vida

Cosas  de Pabela

Yo nací  el día catorce de septiembre de 1920 en la bella Italia,  en la parte más ancha de la  bota, límite con Francia,  en la zona piamontesa en un pequeño lugar Villamoneta, provincia de Cúneo, a decir de mis padres siempre cubierto de nieve, y me dieron el nombre Olga María, previa discusión con el sindaco (intendente) que me anotó,  no era el nombre adecuado para una niña pobre, pero como  mi madre conocía sus derechos exigió que me llamaran así.
Mis primeros pasos los dí en el buque que nos traía, según mi  familia,  esto se nota en mi forma de caminar,   ya que no puedo seguir un trecho en línea más o menos recta  sin desviarme.
Mi primer recuerdo al pisar tierra argentina,  después de más de treinta días de navegar, evidentemente que para mí fue muy fuerte quedando en algún lugar de mi inconsciente. Al pasar los años,   un día por una razón equis floreció el recuerdo de aquel día de lluvia y frío, con  mucha gente de distintas voces de razas y credos, que  reían y lloraban e imploraban a su dios al mismo tiempo. Ancianos, hombres, mujeres, niños, el mismo dolor y alegría, risas y llantos.
No recuerdo nada del viaje en tren que nos trajo hasta Villa María, zona en la que viví y vivo. Llegando a Los Zorros pequeña localidad donde conocí  a mi amiga más fiel del reino animal una perrita blanca y marrón pelo cortito petisona, la nombré Violeta que por varios años me acompañaría por los senderitos del monte, juntando florcitas silvestres de cien colores, variedades y perfumes. Espinillo de un bello amarillo fuerte llamado también aromito. Probando y saboreando de las frutas silvestres, piquillín, talitas, chañar, tasi de cáscara muy rugosa y dura con un pequeño corazón muy dulce la flor llamada manbucuruyá o flor de los estigmas que Jesús sufrió, caminando hasta el pie de la cruz, hasta que sería crucificado.
Entre las cosas que permanecen en mi memoria, por ejemplo, es el color de aquel fruto , que   era amarrillo , su corazón rojo brillante,  dulce que a mí me gustaba mucho. Por allí conocí a don Santos, delgado, voz suave, tez pálida, y bigotes lacios caídos que;  ya de grande me recuerdan los bigotes de los mandarines. De la mano de don Santos,  único contacto físico que tuve, fue conocer la variedad de plantas venenosas y urticantes, entre ellas la ortiga que crece alta y la rastrera de una florcita blanca y amarilla, cuyo fruto era como un balón de corcho, la cicuta muy venenosa que a pesar de jugar cortando fideos de distintas formas nunca un trozo a la boca, y un frutito muy rojo y tentador que si probé llamado el ají de la mala palabra (puta parió)  y saborear la uvita del monte. Conversaba con él  sobre los malestares que sufrían las señoras mayores que acompañaban a sus hijos o nietos. Rodajas finas de papa en la frente bajando la sien, para mejorar el dolor de cabeza, pedazo de papel de fumar, ya fumado,  relleno de azufre en la sien para quitar el aire pero tanto una dolencia u otra siempre seguían los medios porotos. En mis diarias charlas le comentaba los males de doña Petrona o de las demás señoras. Además  yo tenía mi propia  tropa de caballos, animal que  admiro hasta el presente y que lamentablemente casi no se ven en el  campo de no ser cerca a alguna remonta del ejército. Mi tropilla la hacia con los zapallitos amargos de formato alargado, las cuatro patas con ramitas de algarrobo, la cabeza con  el más chico, mi caballada se distinguía por ser chupina, la madrina llevaba como distintivo colgado al cuello el cencerro y una plumita blanca, me entretenía con ellos.
El rancho de don Santos , como todos los otros, tenía   en su construcción,  el pozo siempre rectangular , no calculo las medidas, saliendo afuera dos o tres escalones ,  cuatro palos de algarrobo con una horqueta en cada punta enterrada en el suelo, las puntas lisas las horquetas hacia arriba y a lo largo un palo recto por todas las horquetas siempre sobresaliendo un pedazo, en cada lateral unos yuyos altos de muchas hojas y tallos flexibles, no recuerdo su nombre,  tirándole encima paladas de tierra que aún permanecía húmeda,  que durante la primera llovizna o escarcha de las heladas las endurecerían. Casi siempre las construcciones estaban  iluminadas por la luz natural del sol,  la luna, y  la lumbre del fuego,  en la entrada de algunas casas  por luz de vela o un farol que funcionaba a kerosene y mecha, con una manija,  al que le cruzaban su tubo de vidrio para preservarlo del  fuerte viento y lluvias , a veces también de la piedra. Durante las veinticuatro horas  el fuego permanecía encendido no permitiendo así la entrada de alimañas. 
 En mi hogar hablaba con mis padres, tíos y amigos que venían de Italia, el piamontés,  saliendo afuera, el idioma de este país aprendiendo simultáneamente la forma de hablar y expresarme , es  así que  mi acento  es piamontés.
Los árboles se hachaban en invierno que es la estación que los árboles están sin hojas. Había un hachero don Cirilo, hombre solo, que se quedaba en época de calor y se dedicaba a quemar carbón de primera calidad, llevando siempre puesta una camiseta de mangas cortas para evitar picaduras de moscardones verdosos que,  al picar y poner huevos se convertían en queresas, las mismas serían devoradoras,  yo había visto curar caballos de lo mismo, le sacaban los bichos con un pedazo de alambre y las untaban con grasa de carro negra.
Don Cirilo fue picado por estos moscardones en la espalda. Me decidí curarlo, saqué del botiquín de la Agrícola vendas,  algodón en una botella pequeña,  creolina Manchester, partí caminado hacia Don Cirilo y manos a la obra. Se quitó la camiseta, le revisé la herida estando llena de gusanos blancos, con un pequeño hisopo de algodón lo fui limpiando, lo lavé bien con otro algodón, una mezcla muy liviana de creolina y con trozos de gasa le puse pequeñas compresas de la mezcla preparada y viendo que lo podría hacer, según mi criterio, solo le dejé instrucciones para curarse, partí caminando muy tranquila y feliz.
También sé como se desuella una vaca y se cuerea para su posterior consumo, estaba un joven haciendo su trabajo y yo observando al llegar a una pata trasera me dice “Duro el pato para pelar ”, contestándole yo “más duro me parece la pata para pelar”, episodio éste que muchos años más tarde le dijo a mi padre dígale a la niña Ñata que sigue siendo más dura la pata para pelar.
Caminando con mi madre viendo las gallinas, pollitos, chivas a mamá le llamó la atención un chivo, el que estaba  atado con  una cadena al cogote muy larga  a un algarrobo. Mi mamá caminaba un tanto distraída haciendo calzeta, de pronto el chivo empezó a correrla y yo le grité ¡corré lo más rápido que puedas  alrededor del árbol! y  en corto plazo se estrelló contra el mismo,  quedando un tanto atontado.
Continuando con Don Santos a veces, me iba sola hasta su rancho, invitándome a comer, lo que  consistía en medias galletas fritas en una sartén en pedacitos de grasa de vaca llamada de pella, los que serían unos ricos y crocantes chicharrones acompañándolos a veces con puchero o asado.
En mis repetidas caminatas que me llevaban a Don Santos siempre seguida por mi fiel Violeta llevaba en brazos una muñeca de trapo blanco, ojos negros, labios rojos, cejas negras y viéndola muy linda pero sin cuerpo, únicamente la tela que colgaba, poniendolé yo como cuerpo una botella de gaseosa llamada chinchibira cuyo vidrio era muy grueso la cerraba herméticamente una bolita de vidrio, tanto me gustaba esa bebida que en el boliche de los Zorros un sodero de La Playosa Don José Caffaratti le decía al bolichero,  bebida para mi futura nuera Ñata.
Esa botella era el cuerpo de mi muñeca Chita. Un día cualquiera salí al camino que me llevaría al pueblo al encuentro de mi papá que me traía galletitas llamadas Mu- Mu cubierta de glacé rosa, las cuales  tenían distintas formas,  animalitos, flores hasta la forma de un niño. Solía traerme a veces unos caramelos que formaban unos pimientos chicos verdes, amarillos o rojos,  el tallo para sostenerlos y poder chuparlos era un palito blanco muy bien endurecido llevando escrito en su interior una adivinanza la cual Don Santos me leía y,  a su manera simple, me hacía entender. Un día Don Santos venía hacer sus compras cotidianas preguntando a mi mamá Doña María, Ñata no vino de visita, comentándole mamá, hace rato andaba dando vueltas por el patio, empezaron a llamarme  y también a Violeta,  nadie respondía.
Se entraron a preocupar, preguntando a las pocas personas que andaban por ahí en ese momento. De pronto mamá les dice suban al molino desde ahí miren el camino que va a Los Zorros, desde ahí pueden divisar a ella y a su Violeta y  la  larga cola de perras más grandes. Así fue, me vieron hecho ya un largo camino,  y seguida de la larga cola de perras. En esa caminata debo haber hallado un pequeño pedazo de loza o mayólica la que empecé a juntar en ese minuto y lo hice por varios años con tanto entusiasmo y  alegría.  Por ese camino  encontré a una joven  y bella  señora de ojos muy claros, una tez que sentía al besarme  tan suave como sentir en la boca la misma suavidad y ternura que al rozar la boca el pétalo de una rosa roja. La señora, era la esposa del panadero, y tenían en su casa,  un lindo mate de pie  de loza, y en relieve tenía un pensamiento violeta y amarillo en varios matices ,  tanto me agradaba que en mi entusiasmo por tenerlo fui una egoísta total llegando al punto de querer que  se rompiera para poder llevarme uno o varios pedazos  que acrecentarían  a lo que  yo les llamaría mis platitos.
Cuando terminó el trabajo en el que mis padres fueron a Oliva a juntar maíz nos acompañó don Santos, pero empezó el trabajo  duro porque el maíz estaba muy caído.  Mi papá comenzó a juntarlo sin tener la mínima idea como hacerlo, llevaba colgado de la cintura pasando entre sus piernas una larga maleta, creo que por lo menos dos metros o más, en la mano un deschalador, no recuerdo bien su forma,  era de  hierro fino, arandelas de cuero y la punta terminaba con un punzón muy filoso. Mi papá tenía la piel  muy delicada, lastimándose muy fácil, así con las manos llenas de sangre por los cortes de la chala muy seca, llevándome a mí de contrapeso sentada sobre la maleta, a  cada rato se paraba y decía en alta voz si el gringo Roasio se pierde no lo busquen nunca más juntando maíz. Terminó su trabajo con mucho esfuerzo y sudor a pesar del fuerte frío.
En ese lugar conocí a doña Fernanda, paraguaya,  mujer morena y alta con cabello oscuro y rizado, una dentadura muy brillante. Tenía una voz muy dulce, cantaba canciones quizás algunas  en guaraní. Ese mismo año hubo una de las más terribles  invasiones de langostas, devorando a su paso todo lo que se pudiera comer; desde las prendas de ropa hasta la corteza de los árboles.

……..Enfrente de nuestra casa había una familia cuyos padres eran Marquellanos, creo que de  la parte llamada Marina, siendo población muy supersticiosa. Ví como en pleno invierno y noches estrelladas entre rezos y salmos sacaban una chapa de zinc del techo para darle el alma de Mario, su hijo más pequeño, a dios y que se elevara más rápido, y  volara directamente al cielo. Larga espera y en dura y lenta agonía su último hálito de vida volara en un suspiro al infinito. Noche alucinante entre el brillo de las estrellas y el grito de las aves nocturnas y agoreras hacía de esos momentos para mí duros y lentos.



[1] Pequeña población  rural distante 45 Km. de la ciudad de Villa María, Cba.1. El trabajo que presentamos intenta dar cuenta de las posibilidades que tienen ciertas prácticas discursivas para construir identidades. A tal fin, analizaremos un relato de vida producido por un informante adulto mayor, a partir de las experiencias como niña desde Italia natal hasta Argentina, y sus primeros años en la zona rural de Villa María, Córdoba.

2. La problemática de la identidad ha tenido, en los últimos años, una expansión significativa, ‘impregnado’ buena parte de los estudios en Ciencias Humanas y Sociales. Así, han cobrando importancia, tanto las “identidades étnicas, regionales, lingüísticas, religiosas, (…) [como] los nuevos espacios (…) de las identidades políticas (…) las nuevas ciudadanías, (…) culturales, sexuales, de genero “(Arfuch, L.2005:24).
Problematización coadyuvada por las reflexiones emergentes del contexto general de la llamada postmodernidad ...

Los que deseen leer el resto del artículo deberán enviar un email al autor fmossello@gmail.com
Trabajo protegido por derecho de autor.

jueves, 28 de marzo de 2013

Entrevista libro Imaginarios Literarios y Culturales

Imaginarios Literarios y Culturales. Géneros y Poéticas


Entrevista a los autores
  
Lo primero, decime a qué proyecto de investigación responde el libro y por qué se demoró su publicación. Decíme por qué editorial apareció editado el libro, así como también el título completo del libro, la cantidad de páginas y dónde se puede conseguir.

  
El libro es resultado del proyecto de investigación Imaginarios Literarios y Culturales. Géneros y Poéticas, que desarrollamos durante los años 2008 y 2009  desde el Profesorado en Lengua y Literatura del Instituto A.P. de Ciencias Humanas. El título del libro es homónimo al del proyecto. Optamos con Daniel Teobaldi y Marcela por esta posibilidad pues hay pocas publicaciones de teoría del género que tengan este título. El libro tuvo una demora que se debió, sobre todo, a los trabajos de corrección y pruebas que se hicieron durante el 2010, hasta llegar a la edición final en septiembre de ese año. El libro contó con la participación de seis estudiosos del policial y el fantástico –Daniel Teobaldi, Fabián Mossello, Marcela Melana, Verónica Peretti, Miguel Herráez -un invitado desde España-  y Miriam Divito,  dando un número de 168 páginas. Imaginarios Literarios y Culturales se puede adquirir en casi todas las grandes librerías de las principales ciudades del país y por supuesto en la sede en la ciudad de Córdoba de la Editorial El Copista.


-Contáme cómo nace el proyecto de investigación para trabajar con literatura policial, ¿por qué eligieron el género? quiero decir que, amén de que a ustedes les gusta, ¿es un género que tiene repercusión y actualidad en Argentina? Si es así, contáme qué escritores de la literatura argentina están abocados al policial y si hay editoriales específicas (alguna vez me dijiste que sí, la serie "negro absoluto" si no me equivoco).

El policial fue siempre un tema que nos interesó a todos. El policial, como espacio de escrituras, tiene un desarrollo enorme en la actualidad. En Argentina, como en el resto de Latinoamérica, Norteamérica y Europa, las escrituras policiales se multiplican leyendo el mapa de la sociedad contemporánea. El crimen es el termómetro por medio del cual sabemos qué le está pasando al mundo. El modo como se articulan las muertes y el delito en general, es también el modo como estamos resolviendo nuestras pasiones, nuestros modos de ser en sociedad, dado que no debemos olvidar que el policial, junto con la ciencia ficción, son géneros atravesados por la lógica de la Modernidad. En Argentina, las editoriales reeditan los clásicos y difundes las nuevas escrituras, en muchos casos de escritores muy jóvenes. En realidad, desde las escrituras iniciadas por Walsh, y seguidas por Soriano y Juan Sasturain, por sólo citar algunos nombres, el campo se fue complejizando con la irrupción de nuevas estéticas, nuevos temas, nuevas problemáticas sociales. Autores como Guillermo de Santis, Claudia Piñeiro, Guillermo Martínez retoman asuntos que no estaban en las agendas de los 70’ y los 80’. Nuevas problemática, nuevos conflictos sociales –como las migraciones, la crisis económica de los 90’- atraviesas ahora la piel del género. Así, las editoriales han desarrollado verdaderas colecciones dedicas al policial. Negro Absoluto es una de las más conocidas, dirigida por Juan Sasturain. Nuestra editorial EDUVIM también ha focalizado sus esfuerzos con la colección Tinta Roja. En todos estos casos nuevos autores, la mayoría jóvenes, irrumpen en la escena de la literatura del crimen apelando a nuevos procedimiento narrativos, para configurar, en muchos casos, lo que se viene llamando neopolicial. Con sólo mirar los estantes de las principales librerías o dar una mirada a los quioscos de revistas, vamos a ver que el policial, en sus series de enigma o negra, recorre buena parte de las ofertas de lectura contemporánea.

-¿Hubo consenso inmediato entre Daniel, Marcela y vos a la hora de elegir el policial como trabajo de investigación? Contáme qué línea investigativa abordó cada uno y por qué. Y si además de ustedes tres hubo alumnos involucrados en el proyecto. 

El tema del policial nos interesa de manera particular a todos. Daniel estudia y escribe novelas policiales, Marcela se ha interesado mucho en las escritoras de policiales y yo, desde las cátedras de teoría literaria y géneros de ficción vengo trabajando el tema con asiduidad, sobre todo en la relación policial y cultura de masas.
Daniel se dedicó en este proyecto a realizar un trabajo, digamos, del estado de la cuestión, recorriendo el campo de las escrituras policiales argentinas contemporáneas y puntualizando algunos aspectos clave de las novelas inscriptas en la estética neopolicial.
Marcela, por su parte, revisó las novelas de Claudia Piñeiro desde una perspectiva que enfatizaba la enunciación desde la mujer- detective, en un complejo constructor a la vez víctima y victimaria.
En mi caso, partí de la base de que el objeto literario se ha expandido y complejizado en otros soportes y estéticas. El imaginario literario en la contemporaneidad sufre profundas rupturas, por lo que decidí tomar un objeto audiovisual- literario-policial Mujeres asesinas. Este objeto permitió, a la vez, referenciar las formas del género en productos no tradicionalmente literarios y visualizar las nuevas formas que asume lo policial en clave televisiva.


-He visto que Marcela trabajó con las novelas de Claudia Piñeiro, así que esta pregunta es para ella: ¿por qué la tomó Marcela a esta escritora? Por lo que he visto, es uno de los pocos casos de escritores argentinos que es un best-seller. ¿La literatura policial guarda esa relación intrínseca con la venta masiva? ¿La literatura de Piñeiro trasciende el policial? (he visto que se han hecho películas basadas en sus novelas? ¿Cuál es la importancia de Piñeiro en las letras argentinas actuales?



Con respecto a la elección de Piñeiro podría decir que fue un encuentro casual. No suelo tener en cuenta los premios literarios para elegir una lectura; sin embargo hace unos años cuando ella ganó el premio Clarín de novela leí la entrevista que le hicieron, creo que en Ñ, no lo recuerdo exactamente, y me llamó mucho la atención lo que comentaba sobre otra de sus novelas. Es decir la nota tenía que ver con Las viudas de los jueves y yo me detuve en Tuya (2005) que es un policial muy particular. Desde allí inicié un largo recorrido con esta escritora: me dediqué a trabajar esta novela corta, así surgieron los trabajos de investigación que se publican en este libro, la introduje como lectura de mis alumnos de sexto año en el ISBR- creo que aún siguen leyéndola- y continúo actualmente con Betibú (2011). 
Coincido con vos en que es un best-seller en tanto este concepto apunta a la cantidad de ventas de un libro, si nos atenemos a los números, ¿verdad? Por supuesto que si nos remontamos a los orígenes del género policial, lo masivo está presente en aquellas crónicas que se vendían en los mercados, en aquellos relatos que hacían circular los hechos de sangre que se producían en los conglomerados urbanos del siglo XIX. Pasando por escritores como Edgar Allan Poe y Conan Doyle que consolidaron el género y siguiendo por toda la producción del policial negro norteamericano y sus continuadores, estamos hablando de un género menor por ser popular y masivo justamente. Sin embargo, sabemos que ha habido grandes escritores que legitimaron el policial y lo llevaron a un lugar muy distinto del que tenía asignado en otras épocas y creo que es por allí que se explica el auge del género, no sólo en Argentina, sino en todo el mundo. Sucede que el género se fue reconfigurando y está funcionando como una metáfora a escala de lo que ocurre en la sociedad. Esta es una de las principales hipótesis de nuestro actual proyecto de investigación. Es decir, nos permite ver los cambios que se han producido, como el aspecto que yo analizo en Tuya, que se focaliza en las nuevas subjetividades que emergen en el género: la mujer como sujeto inteligente y estratégico con las competencias necesarias para asumir un rol central en el desciframiento de la verdad, que es el problema central de todo relato policial.

-Por último, Fabián, para cerrar, hacéme una reflexión sobre el género policial a través de su historia hasta nuestros días, por qué crees que desde Poe hasta la actualidad el género no sólo ha sobrevivido sino que se ha mantenido tan vigente. Y decíme dos palabritas acerca del "boom sueco" con Steigg Larsson y Henning Mankell.

El género policial ha sobrevivido, a pesar de las modas y los mercados; ha sobrevivido a los cambios sociales, históricos y culturales, para seguir seduciendo a un número creciente de lectores. A diferencia con lo que pasa con la C.F., que ha limitado su expansión a un campo de lectores ‘fans’ y expertos en estas temáticas, el policial se refunda a sí mismo en cada momento y gana nuevos lectores. Una de las explicaciones proviene de las fuentes en las que se inspiran los escritores.  No sólo la crónica periodística ha servido de materiales para los temas e historias,  también otros discursos sociales -el judicial, el de las mismas fuerzas del orden y la riquísima trama de las historias populares. La anomalía producida por el crimen conmueve las fibras de la sociedad moderna (y posmoderna). Esta anomalía necesita ser entendida, de algún modo exorcizada, por un discurso que la explique, aunque sea parcialmente. Por esa razón el género policial funciona como termómetro social e histórico, por un lado, y fuente de explicaciones de lo muchas veces inexplicable, por otro. De algún modo nos psicoanalizamos como sociedad en el género.
Ya este proceso explicativo no parece tener límites territoriales, al menos en Occidente. Los casos Steigg Larsson y Henning Mankell son paradigmáticos.
La literatura policial tuvo su origen en la lectura de la criminalidad en sociedades como la inglesa y luego la norteamericana, en las que las consecuencias de la industrialización y el progreso modernista no parecía tener límites. Pero el límite estaba en el cuerpo. En el cuerpo de las víctimas. Suecia no parecía entrar en esta categoría de país. Pero entró, y de la mano de dos portentosos escritores que nos muestran las ‘tripas’ de una sociedad estructurada  y casi perfecta, que esconde distintas formas de la criminalidad. Así, y sobre todo en Hankell los fantasmas del nazismo (El retorno del bailarín de tango) o la serie Wallander (una especie de Marlowe, pero en Suecia) nos descubren las bambalinas de una sociedad, la sueca, que también se está deglutiendo en oscuras y violentas tramas. El mismo Hankell dice algo que yo siempre tomo como eje de las investigaciones, que parafraseado sería “el policial nos permite ver lo que a una sociedad le está pasando”. Y esto es así. Si bien el policial es, sin exagerar, un transgénero metamorfoseado en una constelación de formatos y temas (lo que le daría su valor universal), al mismo tiempo, cada geocultura tiene su versión de policial ajustado a sus íntimas necesidades de contar sobre el crimen.


Por Iván Wielikosielek

Marzo de 2012

viernes, 21 de septiembre de 2012

Poesía y Narrativa. Mis producción

Algo de literatura para empezar




La literatura es “una práctica estética con base en la imaginación y la invención que permite conocer lo real a través de signos y produce mundos posibles.”



Fabián Mossello.

A MODO DE EPÍGRAFE

“A veces pensamos que para escribir necesitamos remontarnos a paisajes exóticos y no sabemos que si sobrevivimos a nuestra infancia tenemos experiencias para escribir toda la vida” (Flanmery O´Conoor. Canal á. Junio 2004).



“Murmullo de viento en las bocas
instante que se rompe y luego calla
sílaba de voz y un silencio…
En las manos sólo la palabra.”

(Fabián Mossello de Voces de ceniza y agua.2001).
* * * *

POEMAS

I.
POSTAL

La tarde sostiene el cielo y el río corre invitando a soñar, cuando todavía no sabíamos qué éramos.
Arena de tornasol y sílice, encrucijada de la edad sin nombres, sin los apuros de la sangre.
Nombres tallados en el mineral. Presente sin historia, contornos de un instinto amanecido: la mano rozando la sal; la roca y el agua en cortejo; el viento y los lenguajes emplumados; el tacto diciendo que el mundo es sólo dual y una voz rompiéndose en cuerdas; violonchelo anónimo y destemplado bajo la mirada que preludia amores y ausencia.
Lumbre de la tierra acuática y el doble acertijo de sílabas y silencios. Un trozo de amor en cada palmo y lo innombrable al acecho.

Tú y yo éramos niños.


* * * *

II.
PERSPECTIVA NOCTURNA

Miré que la noche era ya anciana.
Miré un rosario de aguas transpirando tiempo y el corazón callado del muelle.

En la ciudad, relojes silenciosos sudaban sándalo,
mientras un humo áspero entraba por el corazón de las casas,
desparramándose por las marismas de oriente.
El calendario decía que era otoño.
No importa el año.

Una noches en la que todo está ausente...






* * * *


III.
PALABRA

Si alguna vez volviera aún como sombra
mis párpados aplaudirían la estrechez del abrazo
y todo sería nuevamente luz.

Si por azar hallara
la hebra que hilvanó la luna,
mi corazón retornaría
quejoso, solemne,
a despertar la noche,
a consolidar la palabra tantas veces proferida
en el sitio mismo de la germinación.

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RELATOS



I.

Cuatro sílabas en la tarde
“Es dulce la noche del marinero, lari, lara” mascullaba Giuseppe Rosso porque sabía que la encontraría. Lo sabía por pura corazonada. Tarde tras tarde reconstruía el trayecto de su nostalgia, de su olvido, de su pasión. Las velas encendidas en una habitación insólita, el olor a mar, los cetáceos danzando sobre la muerte, la noche, las vigilias del barco en alta mar y el encuentro. Todo lo sabía, y por eso esperaba.

Ella había ritualizado su viaje por el muelle. No falta nunca a la escena de un encuentro, todavía tan brumoso como el aire de la bahía. Hierática, solemne, como la Dama de Elche, transitaba ese espacio masculino olvidando la sordidez de las miradas. Todos la conocían como La dama, por su tocado noble, su parsimoniosa vigilancia.

“Es dulce la mar del marinero, lari, lara” cantaba Giuseppe con el cimarrón en los labios, mientras el cocoliche indescifrable hilvanaba la pasión de una noche lejana. Recordaba lo que había hecho desde grumete: hacerse a la mar, dormir poco, apuntar y oler en el aire el cuerpo gigante mirando el cenit. “Es dulce la noche en que te encontré y te amé, lari, lara”. Como en una plegaria Giusseppe se dijo que esa tarde sería distinta, tenía la corazonada, antes de convertirse, como todas las primaveras, en el personaje de Salgari que le imponía el mar. “Es dulce la noche en la que supe que seríamos más que dos, lari, lara”, si te encontrara, si te viera, sería… “…lari, lara”.

La tarde se desgranaba lentamente cuando el hombre terminó de alistar su partida. El cielo se había vestido de fiesta y dibujaba los contornos de un encuentro tantas veces soñado.
Cuentan que la dama pasó por el muelle más volátil que nunca y se dirigió sin dudas al único marinero que canturreaba un cocoliche indescifrable. Las palabras que todos escucharon fueron firmes y tiernas como pueden serlo aquellas que vienen amasándose en la soledad de la espera.
Sólo se escuchó el final cuando ella le dijo papá.

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Poemas con mar

1.

Cae,
Cae,
El sílice
Desde el tiempo
En que el grito
Andaba.

2.

Rezan las olas
Sílabas
Que nadie
Escucha.

3.

He visto
Copo
De silencio
Sobre los tímpanos
De sal.

4.

Me dijeron
Que el mar
Era llanura
Infinita de agua.
A mi sólo me parece
Tiempo.

Enero 2010

jueves, 20 de septiembre de 2012

Solo una foto...

Gotas de crepúsculo cae en las grutas. Un pájaro se hace cielo, invita a correr. Es un verano de noches marinas, de calamares purpurando en cada esquina, de vientos costeros silbando como Cafuné el verso de la sal. Mi cuerpo es un ojo que mira su imagen en el mar.

Fabián Mossello

viernes, 27 de julio de 2012

PREMIO LITERARIO

La Universidad Federal dos Vales do Jequitinhonha e Mucuri (Brasil) y la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (AECID) promovió el I Concurso Universitario Latinoamericano de Literatura –UFVJM/AECID 2012 que tuvo como objetivo premiar textos inéditos en las categorías POESÍA y CUENTO de tema libre y escritos en lengua española o portuguesa.
En ese concurso y con mucha alegría fui premiado en la categoría Cuento en Español con la obra Los Maestros. En los próximos meses viajaré a la ciudad de Diamantina, Brasil, para recibir el premio. Bueno eso es todo, a seguir escribiendo….

sábado, 7 de enero de 2012

Lectur@s, Escritur@s



Lectur@s, Escritur@s

I.                    Escritura y lectura: una encrucijada contemporánea

“Papel y lápiz, sólo eso en el banco para escribir. Y nada de hablar como en la televisión o esas revistas del corazón que todos ustedes leen en el recreo. Lenguaje literario, lindo, bonito como el que usa Antonio Machado”.

La escena es cualquiera de las que se repetían en la Escuela (llamaré escuela con mayúscula a cualquier institución educativa de nivel no superior) de otras épocas, cuando la profe. de literatura quería que hiciéramos algo literario. Escena que no sólo muestra las concepciones de la literatura de la Escuela de los 60’ o 70’, sino algo mucho más difícil de visibilizar. Estamos hablando de las conflictivas relaciones entre prácticas de la cultura de masas y Escuela, tan complejas desde los orígenes de la modernidad.

El desarrollo de las técnicas de reproducción técnica (Benjamín, W.) ha impactado en los modos de leer, escribir y hacer cultura. La escuela, con su marca fundacional moderna, resistió y resiste los avatares de las distintas revoluciones que el siglo XX y XXI han protagonizado, asumiendo, en la mayor parte de los casos, una actitud prudente y conservadora. Como afirma Daniel Link, “la idea de que los medios masivos no hacen sino multiplicar los desperdicios culturales y sumir a las sociedades en la barbarie, es una representación más o menos constante desde el comienzo de la ‘edad de los medios’ y, tal vez, la representación que la escuela encuentra en el seno de la industria cultural” (Leer el mundo: construir el mundo. D. Link).

Posición que muchos teóricos han llamado apocalíptica (Eco, U) y que supone una resistencia a los cambios que la sociedad de la cultura de masas -los medios, pero no sólo ellos- han venido ejerciendo. Periódicos, radios, televisión, y ahora la más descomunal de las mediciones, la Internet, convulsionan las redes sociales, plantean nuevas subjetividades, nuevos desafío para la lectura y la escritura, y la Escuela no puede estar fuera de este nuevo paradigma en permanente reconfiguración.

Como afirma Daniel Link, “el estado actual de las tecnologías (…) nos obliga a nuevas  preguntas” (Leer el mundo: construir el mundo. D. Link). Arriesgamos algunas ¿cómo se ven afectadas las prácticas de lectura y escritura en este nuevo contexto dominado por lo informático? ¿Qué se supone deberían hacer las instituciones educativas para seguir siendo espacios clave en la construcción de ciudadanía, valores y cultura? Es claro que la Escuela debe realizar ajustes a sus modos de organizar y transmitir saberes.

Si focalizamos en las prácticas de lectura y escritura, el proceso que lleva al manejo de la esa tecnología (Ong, W. Oralidad y escritura) ha cambiado y se ha ido ajustando a las nuevas necesidades que impone cada época. El recorrido, desde la histórica imprenta y el despertar de lo que Marshall McLuhan llama La galaxia Gutenberg o la Aldea Global hasta nuestros textos digitales, representa el aprendizaje de las técnicas para el manejo de la información y la creciente complejización de los soportes.
El desarrollo del procesador de texto, por ejemplo, asociado con la digitalización de la palabra, implica cambios sustanciales en los procesos cognitivos que llevan al sujeto de la escritura al ‘buen puerto de la textualidad’. El procesador abre nuevos caminos a la corrección, el monitoreo de la escritura, la elaboración de borradores y la presentación del escrito. La escritura de ‘teclado’ también se asocia con otras escrituras más ligadas a la Internet: chat, e-mail, blog y los portales iterativos como Facebook que propician las escrituras no lineales, sin planificación, aleatorias en muchos casos y con fuerte impacto idiolectal. Estas últimas escrituras son las más resistidas por la Escuela, en el sentido que representan un salto paradigmático fuerte respecto a todo lo que se venía haciendo en la escolaridad. De algún modo, la escritura-chat, Facebooks, entre otras, parece estar volviendo al universo pre-escriturario, pero bajo la paradoja de que lo hacen a través de la escritura. Oralidad y escritura, que en la etnolingüística de Ong separaban dos órdenes de la historia de las relaciones del hombre con la lengua, en la contemporaneidad se ligan, se muestran cercanas sin conflicto. Los jóvenes hablan en sus escrituras, organizan lo aleatorios en un discurso que no tiene mucho que envidiar a las vanguardias; pero escriben. Este dato fue rescatado por Beatriz Sarlo al afirmar que la Internet está haciendo volver a los jóvenes a la escritura.

Con la lectura pasan cosas similares. Como dice Piscitelli, la “emergencia de nuevas estructuras narrativas, de nuevas prácticas discursivas y, sobretodo, de nuevas categorías para la lectura y la narración, que encuentran en la tecnología informática su punto de partida, sus limitaciones y sus potencialidades” (Escritura no secuencial. A. Piscitelli), se están modificando los hábitos de lectura, introduciendo lo que muchos llaman lectura de surf, organizada a partir de trayectos iterativos que se fundan en la novedosa lectura hipertextual, en tanto “la interacción con la máquina [implica la modificación de] la capacidad de reacción de la computadora y la cantidad incesante de opciones (predeterminadas aunque nosotros no sepamos el alcance o la profundidad) que se nos abren permanentemente y nos permiten recursivamente actuar sobre lo actuado” (Escritura no secuencial. A. Piscitelli); es decir, es una lectura que ya no será necesariamente lineal.

La lectura hipertextual implica otras competencias, es estimulante para el lector que requiere el mundo de la era digital, en tanto, implica “la manipulación activa” (Escritura no secuencial. A. Piscitelli) de aquél. De algún modo, la lectura en pantalla requiere de estos nuevos pactos tecnológicos, para acomodar nuestra mirada a un nuevo entorno que en muchos casos simula la transportabilidad de los libros tradicionales, a través de dispositivos como los Smart Phones, las PDA, las mininotebooks, entre otros. En este contexto es claro que “los medios y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación crean (…) nuevos espacios” (Lectura, escritura y medios de comunicación. J. G. Rodríguez) que la Escuela debe mirar para no quedar desfasa por enésima vez de las transformaciones que ocurren en el espacio extra-institucional.
De todos modos, muchas preguntas siguen rodando sin respuestas concluyentes. Las nuevas tecnologías han producido uno o varios temblores en la Escuela, y en particular han puesto en jaque las formas tradicionales de leer y escribir. Los efectos, como dice Umberto Eco, todavía no se pueden medir de manera clara, pues sujetos y objeto son co-presentes y ocurren en el mismo momento. De todos modos, algunos indicadores son ya conocidos. Los jóvenes presentan:
·        Ausencia de hábitos de lectura de ‘largo aliento’ (prepondera la lectura flach, zaping, como en la web).
·        Problemas para ajustar un plan textual a una práctica de escritura; se escribe sin plan, en una forma de escritura que recuerda sus rutinas de escritura on-line, en las que prepondera el fragmento y la oralidad.
·        Escaso o nulo despliegue de las riquezas léxicas y sintácticas que el español ofrece en abundancia.

En este contexto, la Escuela debe jugar un rol crítico-activo, para no replegarse en posiciones apocalípticas o abrir a-críticamente a todo lo ‘nuevo’. Hoy más que nunca, en un contexto en que se sabe que “casi la mitad de los jóvenes que terminan la educación media en Argentina tienen dificultades para comprender lo que lee” (Link, D), las instituciones educativas deberán repensar su rol en la sociedad pos-industrial, sin abandonar lo inobjetable: la Escuela debe formar sujetos integrales, ni androides ciber-conectados, pero vacíos de competencia para crear fuera del entorno virtual, ni almidonados humanistas que declinan, traducen el latín, riman como Bécquer, pero son inútiles para repensar las categorías del mundo actual. Es decir, “no se trata de modernizar nuestras tecnologías, ni de integrar celebratoriamente el coro de la época” (La letra y su molde. Meditaciones sobre lectura, escritura y tecnología. C. Ferrer), si no de preguntarse por la calidad y pertinencia de lo que incorporamos como recursos.

Transitamos ‘un momento bisagra’, un punto de inflexión, entre las nuevas formas de producción y reproducción de la cultura, que impactan en los modos de concebir la lectura y la escritura, y las instituciones educativas, muchas fuertemente balcanizadas, que se debaten entre la apertura y el repliegue de sus estructuras.

Estoy convencido que más que nunca debemos repensar la Escuela como lugar de producción de conocimiento, punto de partida para la construcción del ciudadano (Lectura, escritura y medios de comunicación. J. G. Rodríguez), espacio de la imaginación y la invención. En un momento en el que sobra la información, la escuela deberá volver sobre las bases que permiten construir lectores críticos, ‘antropofágos’, capaces de discernir en la red de los textos lo útil de los inútil, la valido, lo supletorio.

La lectura y escritura mediadas por la tecnología, el texto electrónico para ser más precisos, implica “enormes ganancias cognitivas y expresivas (…) para ser modificado, transportado y enviado, y la manera en que esto ha cambiado de forma dramática e irreversible todos nuestros hábitos de trabajo y de pensamiento, pero también de imaginación y de diseño (de la información)” (Piscitelli, Escritura no secuencial. A. Piscitelli). Lo que es cierto pero no garantiza que el alumno supere las enormes dificultades que manifiesta a la hora de concretar sus prácticas de lectura y escritura. Tener un procesador de texto no garantiza un buen texto; disponer de acceso ilimitados a bibliotecas virtuales no produce lectores eficaces, críticos, sensibles. Tal vez, quizás, la Escuela deba volver al “Papel y lápiz, sólo eso en el banco para escribir” para de ahí repensar las tecnologías necesarias para los alumnos que necesita el siglo XXI.

II.                  Canon y singularidad: un problema abierto

La reflexión que inicio tiene como marco las experiencias de lectura y escritura literaria en los talleres de arte del Ciclo Básico Unificado en la Universidad Nacional de Villa María. Toda extrapolación a otros espacios queda a gusto del lector que quiera llevar mis inquietudes sobre el canon literario al espacio de sus prácticas.

Cuando enseñamos a leer y escribir literatura disponemos interesantes consignas, ajustamos nuestro vocabulario al destinatario y creamos un agradable clima para aquello que más gusta al italiano Gianni Rodari (Gramática de la fantasía.1996): inventar e imaginar.

La literatura es imaginación puesta en palabras, juego de las sílabas que vienen rodando desde siglos –y en nuestro español es así- para producir ese objeto bidimensional que es el texto. Pero ¿hay algo más que por lo general se nos escapa cuando enseñamos literatura? ¿Algo no referido pero esencial? Sí, hay algo que por lo general no es contado, ni discutido en los talleres de escritura y lectura literaria y que la práctica ha naturalizado en tal grado que se torna por lo general invisible. Estamos hablando de lo que damos a leer, es decir, lo que se conoce como las problemáticas del canon literario, en cuya definición “se dirimen centralidades y periferias, valores y disvalores literarios (…) [lo que implica] también (…) qué literatura va a ser leída y qué literatura no va a ser leída y de qué manera” (Kohan, M.).

Si en la práctica literaria, por lo general, se naturaliza el hecho de elegir ciertos texto, quiere decir que el docente no está reflexionando sobre el carácter necesariamente construido de canon, en cuya delimitación se juegan decisiones de distinta naturaleza, entre ellas “lo que se hace (…) desde la crítica literaria (…) las políticas editoriales (…) el papel que juegan los medios de comunicación (…) La acción o la inacción de las políticas de Estado” (Kohan, M.).

En las universidades, por ejemplo, las modas de leer unos autores u otros se suceden, y la explicación muchas veces se da apelando a los intereses, gustos, o la biografía del profesor, sin atender la compleja red de factores que supone la constitución de un corpus de textos. Los libros no se amontonan sobre la mesa del profesor por azar, por gravedad (los más pesados abajo y los livianos arriba); en la constitución del canon de lectura indiscutiblemente se ligan decisiones estética, axiológica e ideológicas fuertes.

En primer lugar, leer literatura supone la existencia de una o más concepciones de ella, que pueden emerger para organizar el espacio de textos. Digo más de una, porque el docente, quizás sin saberlo, en ciertos contextos utiliza una y en otros otra. Esto no creo que sea grave, es adecuación al contexto; lo grave es que no se sepa, que no se transparenten las categorías operativas y, como se dijo, se naturalicen las prácticas. Por ejemplo, si trabajo con el tema del viaje quizás pueda ligar Mascaró, de Haroldo Conti y Un viaje terrible de Arlt, pero es necesario  que queden claras las categorías que articulan el recorte y sobre todo nuestra concepción de literatura.

En segundo término, la literatura es juego axiológico, que supone una o varias visiones de mundo. De este modo, a la hora de escoger textos, armar grillas de lectura, estructurar un corpus, es importantísimo entender qué valores deseamos enfatizar, entendiendo que “los valores literarios (…) se modifican históricamente. (…) Es la institución en sus diversas articulaciones (…) [la que] determina cuáles son los valores literarios. (…) El canon se formaría entonces por medio de estas complejas operaciones de la institución literaria” (Kohan, M).

La reflexión de Kohan es importantísima y retoma los aspectos centrales de la discusión sobre el canon. Es claro que resulta un asunto difícil de delimitar, puesto que constituye lo que en teoría de la literatura se llama un concepto fundacional y que organiza las discusiones sobre lo literario en un momento de la historia. Parece acertado asumir las dimensiones políticas, axiológicas, estéticas como parte de los criterios, muchas veces explicitados, otros no visibles, para recortar un canon. Como se ha dicho, y que Kohan lo sintetiza con precisión, todo canon supone recorte de algo, para alguien y en algún aspecto o relación -una mirada peirciana sobre el signo-canon- si se me permite. No se construye un canon en ‘vacío’, en ningún lugar; son los agentes sociales configurados en instituciones los que pugnan por imponer formas de leer, escribir; catapultar géneros y desterrar otros, para imponer modos de decir, lo que Barthes llama lo leíble, que se articula con lo decible y escribible en una cierta época. Así, los agentes (los escritores que dominan el campo literario- posición bloomniana), y las instituciones (que organizan también las formas legítimas y estructuran los verosímiles) construyen, podríamos decir, un canon dominante que se impone por sobre la presencia de otros cánones marginales, ‘fronterizos’. Digamos, la historieta, aún la de mejor calidad como la escrita por Héctor Oesterheld, no participa, en principio, del mismo canon dominado por la literatura borgeana. Pero los dos espacios tienen su público, su circuito de lectores, su presencia diferenciada en la escuela.

A esta altura del discursos, y sabiendo que sobre todo esto se juegan opiniones muy personales, quisiera solo enunciar un concepto que me habilita más preguntas que certezas. Estoy hablando de la ideas de la singularidad como contrapartida de la dominancia de un canon establecido. No en el sentido de recorte antojadizo, caprichoso de textos que doy para leer, o consignas para escribir, sino singularidad que se construye en las elecciones y selecciones personales cada vez que miramos hacia arriba al leer algo (Barthes) y sabemos que ese libro se quedará. Cada vez más se me pega la idea de la singularidad como contra-efecto de las presiones de la industria cultural, las ‘puntas de góndola’ de las editoriales y librerías, de las modas académicas. Cada vez me parece más claro el canon como recorrido del deseo sobre ese espacio tan particular que es la literatura. Espacio de las resonancias de voces, recorridos muchas veces antojadizo, que suponen distintos momentos: mirar, seleccionar, leer, jerarquizar como operaciones que nacen en el sujeto, en cada maestro. Es claro que estoy hablando de un sujeto que puede tener la libertad de hacer todo este escrutinio sin dejarse tentar por las imposiciones del polisistema literario (Itamar Even-Zohar Teoría del polisistema), las autoridades de turno, las censuras y persecuciones ideológicas. Como Odiseo en los mares de la Jonia, debemos superar los cantos de sirenas del mercado, las academias, las modas que organizan las ‘bajadas’ y realizar nuestros propios recorridos de lectura, nuestro singular canon en el que Fontanarrosa desayuna con Di Benedetto, sin dramas ni altercados. Las instituciones educativas, y sus maestros, profesores, tiene el gran desafío, en tiempos de enorme producción literaria, de dominio de la industria cultural (Adorno), de hipertrofia de lo efectista por sobre la calidad, de propiciar la constitución de sus propios recorridos de lectura, sus propios trabajos de escritura. Quizás de esa manera, siendo críticos sobre lo que damos a leer, sobre lo que proponemos que escriban nuestros alumnos es que daremos cuenta que la literatura es un espacio abierto, con cánones que pugnan por dominar la escena de una época, pero sin obligaciones para seguirlos.

En el medio de esta gran pelea por lo legítimo, lo apropiado, lo literario, lo no literario, lo viejo, lo interesante, lo nuevo, aparece el maestro crítico diciendo a sus alumnos: “esta pila de libros sobre el escritorio, es el canon, mi canon, tengan la libertad de seguirlo, tengan la libertad de contrariarlo, tengan la libertad de construir el suyo”.

Dr. Fabián G. Mossello
Julio de 2011
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Trabajo protegido por derecho de autor.

jueves, 4 de agosto de 2011

“El libro sólo desaparecerá con el último hombre”


EL DIARIO DEL CENTRO DEL PAÍS


Portada  »  Culturales  »  “El libro sólo desaparecerá con el último hombre”
4 de Agosto de 2011
Fabián Mossello
“El libro sólo desaparecerá con el último hombre”
Docente y tallerista del Profesorado en Literatura de la UNVM,
Mossello habló del nuevo periodismo, la novela policial, la historieta
y el futuro del libro


“El libro es un puente entre el mundo y el hombre”, afirma el docente villamariense



4 de Agosto de 2011
Fabián Mossello
“El libro sólo desaparecerá con el último hombre”
Docente y tallerista del Profesorado en Literatura de la UNVM,
Mossello habló del nuevo periodismo, la novela policial, la historieta y el futuro del libro



Si algo caracteriza al profesor Fabián Mossello, es su versatilidad para hablar de Literatura, materia que dicta, estudia, ejerce y respira. Y cuando digo Literatura no me refiero sólo al arte de componer textos, sino también a toda su periferia en el campo de la escritura, esa que va desde el periodismo a la historieta, de la ficción a la no ficción, de la narración a la crónica o del libro clásico al libro electrónico. Por eso, cediendo una hora de su profusa agenda laboral en el Campus, Mossello respondió a esta suerte de ping-pong, a esta entrevista que busca trascender el ámbito universitario e instalarse como conversación entre todos aquellos que aman los libros.


De eternautas, hombrecitos y policías

Durante mucho tiempo te abocaste al estudio de la historieta como parte del género narrativo, ¿qué fue lo que te fascinó?
- “La historieta es un espacio mágico y durante mucho tiempo fue un género periférico en el campo cultural. Y a mí me gusta lo que se queda al margen, lo que se cae del plato de la cultura dominante pero contiene un alto valor artístico.”
Tus trabajos críticos se orientaron hacia la historieta de Ciencia Ficción…
- “Sí, y fueron con Oesterheld a la cabeza. Tal vez porque “El Eternauta” conserva ese nivel de sorpresa y transgresión, de aventura de sentido y de la imaginación que el arte siempre debe mantener, lejos quizás de los avatares de la mala cultura de masas de hoy, dominada casi totalmente por el espectáculo televisivo.”
El Siglo XX se caracterizó por la fragmentación de los géneros, sin embargo mucha de su literatura más potente pasó por el folletín popular, ¿por dónde pasa hoy?
- “A mi entender, hay dos espacios de escrituras que han cooptado la escena. Uno de ellos es la literatura policial. El otro, en cambio, es más heterogéneo y está compuesto por las diversas escrituras del “yo”, las que tienen que ver con nuevas subjetividades, géneros, e historias de vida. Entre eso nos vamos a entretener durante algunos años más.”


Nuevo periodismo y literatura argentina

Siempre has valorado lo que escritores como Rodolfo Walsh, Osvaldo Soriano y Roberto Arlt escribieron desde el periodismo. Esos artículos, ¿son para vos literatura de primera clase?
- “Los textos que escribieron estos autores significaron en su momento unas innovaciones que muchos no entendieron. No había lector para esas obras en el momento en que fueron escritas. Pero el tiempo fue dándole a cada uno un lugar dentro del campo literario. Los tres que nombrás son autores de primera, que siguen generando sentidos y lecturas.”
¿El buen periodismo es siempre buena literatura?
- “Sin dudas; pero no el que se escribe en las agitadas redacciones y que muchas veces repite fórmulas. El periodismo es un espacio de alto valor escriturario, que inaugura muchas veces fuertes innovaciones en el campo literario. El Nuevo Periodismo es un caso clave. Sus escrituras modelaron las prácticas de muchos novelistas.”
¿Creés que el libro está en vías de extinción en su formato tradicional, como vaticinan muchos apocalípticos de Internet y del e-book?
- “Creo que nuestro Siglo XXI se edificará sobre espacios cada vez más separados y diferenciados. Lo digo por algunos indicios muy fuertes que emergen de mis trabajos con la cultura. Por un lado, se agigantará hasta lo inconcebible la oferta de la escritura unida a la tecnología (libros digitales, dispositivos, bibliotecas virtuales); por el otro, habrá un contra-efecto, no sé si de resistencia o de conservación de ciertas formas que nos son más naturales.”
¿Y el libro en su formato clásico?
- “Muchos seguirán cultivando la lógica del libro impreso. Habrá toda una cultura que seguirá sus formas, sus lectores. El libro es un puente entre el mundo y el hombre, un lugar de los indecibles que la escritura hace visible. Y eso sólo desaparecerá con el último hombre.”
Ahora que el tema está de moda, decime algunas palabras acerca del eterno River-Boca entre los géneros ficcionales y no ficcionales…
- “La no ficción tiene más corta edad que la ficción, pero ya tiene sus lectores. Ambos espacios comparten la escritura, la invención, la imaginación y el hecho de contar una historia. Son dos caminos compartidos de nuestra memoria cultural y por eso son primas hermanas o casi hermanas.”
Una de tus especialidades es la literatura argentina del Siglo XX. ¿Qué podés decir sobre esta fabulosa creación cultural de nuestro país?
- “Que nuestra literatura ha sido tan fuerte que ha servido de modelo para otras. Nuestro Siglo XX está marcado por la figura descomunal de Borges, pero también por Ernesto Sábato, Rodolfo Walsh, Osvaldo Soriano, Haroldo Conti, Héctor Tizón y Juan José Saer… Toda lista es odiosa... Todas son figuras, entre otras muchas, que han puesto nuestras idiosincrasias en otros lugares.”

Iván Wielsikosielek
Especial UNVM












Nota completa: http://www.eldiariocba.com.ar/noticias/nota.asp?nid=40719

martes, 14 de junio de 2011

El Libro de los Talleres Imaginarios





El Taller Imaginarios, nombre artístico del grupo que conforman los alumnos de la Universidad Nacional de Villa María que asisten al Módulo de Arte en la Sede Córdoba, han participado del El libro de los Talleres que la editorial Dunken organiza todos los años. En esta oportunidad han escrito Soledad Álvarez, Norma Gavier, María Florencia Maggi, Analía Moreno, Silvia Risso, Florencia Rodríguez, María Isabel Romero Molina y Virginia Sosa del Río. La experiencia de publicar en una editorial de Buenos Aires nos alienta a seguir con nuevos proyectos que se concretarán durante el 2012.

Fabián G. Mossello Coordinador de Imaginarios.