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domingo, 20 de abril de 2014



En la atmósfera de Daniel Moyano

En la atmósfera (1984) es una nouvelle de exilio y nostalgia. Un texto que no había leído de Daniel Moyano y que la editorial El Mensú de Villa María, Córdoba, ha tenido el acierto de publicarla sola, como el mismo Moyano quería para este texto, que junto con la Cantata dijo “son los mejores textos que he escrito”.

Fabián Mossello

Novela de atmósfera, eso es En la atmósfera. Un texto que se construye sobre un espacio que se va haciendo en la red del relato. Moyano es un gran artífice de escenarios y como en sus mejores textos, Las cantataTía Lila, el espacio es lo que son los personajes.
Los personajes configuran la atmósfera en la que viven, como una semiósfera (Lotman), un mundo de signos, palabras, gestos, obsesiones, buenas y malas conciencias, nombres. Es decir En la atmósfera no sólo estamos ante una novela del espacio, sino también ante un tratado sobre la condición humana. Entonces el espacio se dobla, se pliega, se vuelve a expandir en relación con el fluir de esos personajes tan de Moyano: el señor Hidalgo, Gretchen, Tula, Tununa, el señor Palcos, las Gemelas y el yo-narrador-niño/adulto.
Este Yo cumple una función suturante de las distintas subjetividades que recorren el regional serrano. Si éste es en principio un lugar pintoresco de las sierras de Córdoba (Cosquín el mejor candidato), a lo largo del texto se va llenando de sentidos muy sugestivos. Más allá de los rituales marcados por la inmediatez de las miradas de un niño -matar moscas, acomodar dulces y comerse a escondidas uno que otro alfajor-, se transparentan en ese Yo otros yoes adultos (escritor, exiliado) que están mirando desde las brumas de la vida un lejano entorno serrano añorado y que guarda seguro las experiencias del propio Moyano.
Del otro lado del océano, los personajes están ahí, en las valijas del exiliado, entre las gotas de un Madrid lluvioso y la melancolía del último coñac de la tarde. Ese Moyano de En la atmósfera es un sujeto del recuerdo que deforma inevitablemente las escrituras, pues frecuentemente recordamos lo que podemos y no lo que siempre queremos.
A veces ese recuerdo tiene el color y la violencia de las dictaduras. Ese es el señor Hidalgo, único dueño de las mercancías regionales. Hidalgo es la suma de todas las facetas del mal. La escena en el sótano con Gretchen es la de un acoso: “ya han terminado de bajar los escalones y en el sótano ella no podrá escapar, no hay rincones ni nada” (19). La escena marca un punto de inflexión en la historia, la bofetada de la joven empleada a punto de ser violada, su huida a BSAS marcarán el inicio de una serie de reconocimientos y ausencia que el niño narrador irá cosechando en el transcurso de la historia. En la atmósfera es entonces un espacio de ausencias.
Desde ese incidente se irán desgajando los personajes, se irá disolviendo el grupo humano, pues el señor Hidalgo es un mecanismo que liquida todas las libertades.
Es decir, el negocio de regionales opera, como parte de la estética de Moyano, como modelo a escala de la sociedad construida, según el autor, sobre relaciones jerárquicas, eslabones de un mundo hecho de niveles de dominación y dominados, y que esconde, además, simulaciones y mentiras, estafas y robos. El señor Palcos, otro de los actores masculinos está, en principio, en la cúspide de las jerarquías de valores y opera como lugar de las referencias axiológicas y punto donde se espeja el cine de época, y los símbolos de la masculinidad, mezcla de dandy y don Juan. Viene de la metrópolis, sus perfumes, anillos, autos, trajes, su diente de oro. Por lo tanto, Palcos viene de la lejana y colonial Córdoba, meca del Yo cuando pueda escapar del cerco existencial de la atmósfera. Entonces Palcos aparece como la contratara del señor Hidalgo, mano dura y visible del poder. Un poder hecho de miradas, silencios, órdenes, gomina y bigote. Un símbolo de quizás las duras experiencias del autor en manos de la dictadura.
Por otro lado, en el lugar de lo femenino Moyano siempre ha preferido mujeres fuertes que sufren en sus ilusiones, y que indefectiblemente su condición de clase frustrará. Tununa es la mujer más sólida del relato y puente visible entre casi todos los personajes. Como una madre o una tía, el niño mira a una mujer fuerte y sabia que llora los amores que se van y vienen, para operar como una Malinche buena y serrana. Juega con el dominador y conquista al extranjero, pero sabe que al fin nada más hay más que el barroco aire de la atmósfera.
Tula, otra mujer, joven y enigma, es el espectro de alguien que pasó por un día por las serranías y se quedo para siempre “en el aire está entera la Tula, su misterio” (22). Tula liga los deseos del niño que se está haciendo joven y los juegos de los cuerpos. Pero Moyano no nos da mucha tregua, detrás de Tula hay también vacío.
Gretchen es la mujer-amor, el punto más alto del deseo En la atmósfera y el lugar donde el señor Hidalgo juega a ser el caudillo serrano. Después de su huida hacia BSAS, Gretchen será evocada por el Yo-niño y las eternas esperas en el andén. Como el coronel de García Márquez en El coronel no tiene quien le escriba o don Diego de Zama en Zama de Antonio Di Benedetto, En la Atmósfera todos esperan algo o a alguien; es la espera uno de los temas centrales de nuestra literatura latinoamericana.
En la base de toda esta constelación de personajes está el niño, el Yo -ojos, miradas, olfato, tacto, deseos- cerrando las fisuras de la orfandad. Por eso este texto se acerca mucho a la Cantata por los hijos de Gracimiano, pero más vital y positivo, pues el niño logra proyectar esta ausencia de padres con estas mujeres casi tías o hermanas y restituir cierto orden vital al final del relato, cuando la tienda del señor Hidalgo sea devorada por los animales y los insectos.
En la atmósfera también es una novela de las miradas: esquivas, inquisitoriales, lascivas, furiosas y deseantes, que discurren como el agua ocasional de los arroyos serranos. En ese espacio se disuelven esas miradas y los deseo del niño por salir, proyectarse fuera de la inmediatez y la asfixia del lugar; aunque en otro de los tics de Moyano la salida sea resistir: “esto te obliga y volver y destejerlo todo, a quedarse como el trozo de hilo en la mano sin saber para que sirven hilos y manos” (34).
Es decir, se acentúa, a medida que avanza el relato de esta nouvelle, la idea, a través de la metáfora del telar, de que todo lo que se dice es parte de un tejido, un sueño sobre personajes perdidos en las nieblas del recuerdo de cuarenta o más años para atrás, dice el Yo: “había tejido todas la noche descubriendo un sentido, el fundamento (...) yo mismo he tejido la trama sin saberlo” (42).
En este trabajo discursivo que nos presenta el narrador se descubre un doble plano del relato: de un yo/niño/ testigo parte de una historia que discurre en el boliche pituco de la sierras -un niño despavorido y despabilado que ha subsistido porque ha sabido, como los sobrinos de Tía Lila, jugar varios partidos al mismo tiempo-; pero también, es el sujeto adulto el que trama, teje el recuerdo. Entonces ¿a quién estamos leyendo? ¿Quién escribe? Creo que las dos trama son una, con las técnicas del estilo indirecto libre, Moyano nos pasea por esos dos hemisferios y como los chispazos de un encendedor, volamos de un lado a otro: “ves que la trama existe, es cierta, está allí mismo (…) Ahora las dos tramas son una sola cosa, apenas chispazos de segundo, tiempo inexistente lo que hay entre una y otra. Y uno sin saberlo ha ido perdiendo la conciencia de ser la araña tejedora” (45).
Así En la atmósfera es también un relato del recuerdo. Está construido sobre las telas de la memoria. Una memoria como todas, fragmentada, antojadiza y aleatoria que se hace sobre hilos de un mapa de gestos, de tactos, de gustos de miradas. Como el enorme pastel hueco y de fantasía que el señor Hidalgo proyecta en sus escaparates, la historia que se cuenta se desvanece como las arenas de una gigantesca clepsidra. Entonces la memoria será bicéfala: un allá, Madrid, todo valija, hojas de cuadernos, un vaso eterno en la mano del escritor; un acá en el que los personajes que “viven, me destejen, me devuelven a la madeja, al sótano, me tejen como si fuera una trama de arañas invisibles”  (45). Y lo que teje y desteje es en definitiva el lenguaje que, como en otros maestros -Conti, Di Benedetto, Rulfo- adquiere un espesor que rehace la fabula, la densifica y, al mismo tiempo, la deja ser una historia común. Moyano escribe historias comunes en clave de poesía, como el Conti de Mascaró.
Esta oscilación entre el niño y el adulto; entre el testigo-protagonista y el escritor exiliado es otro de los aciertos de Moyano; dos planos que aquí y allá se metamorfosean entre el Madrid húmedo y melancólico, y el niño que mira el mundo a través de las vidrieras con moscas, la cara de Hidalgo, el dandy farsesco y lujurioso de Palcos o las mascarillas de cera de Tununa. Doble juego en los espejos rotos de la memoria, como diría en algún lugar García Márquez.
En la atmósfera es, por último, un relato de iniciación. Un relato de aprendizaje de ese niño que va descubriendo la parte oscura del mundo, como dijo Clarise Lispector. El lado perverso y fascinante de las cosas del mundo. Y por esos el niño-yo aprende que el mundo es ante todo esperas milagrosas que las cosas mejoren para los pobres. Esperas de que el mundo se saque la mascarilla, pues ¿quién es quien? ¿Que hay detrás de los hombres y mujeres de mundo? Tal vez nos enseñe el narrador que lo que hay es una mascara que el relato intenta develar para no seguir cayendo en el vacío.
Entonces la vida parece ser un sueño, malo o bueno, unos sueños de ser otro, otra cosa y no poder alcanzarlo “te habrás dado cuenta (dice Tununa, la filósofa serrana, ‘tía o madre’ del niño) de qué va la cosa (…) así es la vida” (47). En la atmosfera se descorren las máscaras, se muestra ese lado oculto de las cosas y en la eterna moraleja de Moyano, los humildes tal vez sean los únicos que pueden ver el rostro verdadero del mundo.
Un tema clave, como dijimos, es el amor. El amor opera en la novela como suturador provisorio de la pobreza, una salida, puente que proyecta a Tununa, al niño, a Gretchen, y demás mujeres a un hipotético mundo de películas y ensueños. Las mujeres y el niño comparten esa dimensión del amor como punto de fuga de las murallas invisibles tejidas por el señor Hidalgo y su paranoica mirada.
En cambio, los hombres muestran otra dimensión de lo pasional. Quieren a través de la simulación o el autoritarismo. El amor se transforma en botín de guerra, perversión, acoso, máscara confusa del deseo mezclado de miedo y violencia. Los hombres adultos son carne de fracaso “sueños falsos. Deseos inútiles. El Palcos que llegó esa tarde, a la última, vino seguido por las moscas (…) Ellas no saben de quien se trata, no pueden reconocer en el señor Palcos” (58). Moscas actor colectivo y animal que simboliza todo un sistema de referencias asociado con la decadencia. En el texto las moscas aparecen en los momentos en que la historia se hace malestar de algo. Un malestar que atraviesa las relaciones intersubjetivas y funciona premonitoriamente. Moscas del fracaso en Palcos; moscas del acoso en las vidrieras del regional; moscas de la caída en la escena final de la novela.
En estos últimos tramos de la novela se produce, a mí entender, un proceso de concentración de algunos recursos propios de esta etapa en la narrativa de Moyano. Unas escenas que se insinúan en los primeros capítulos y que al final van delineando esa imagen del escritor abriendo la valija de los recuerdos, con los personajes de la vida. Entonces se inicia el último tramo del reconocimiento de una historia, de una existencia y de la escritura misma. La puesta en escritura o puesta en abismo es decisiva, y el diálogo ya no es con lo que ha venido contando, sino con esos seres de papel, ficcionales, que imaginalmente se ven en su equipaje de recién venido: “mejor vuelvo a poner todo en la valija (dice el narrador-escritor) (…) A lo mejor no fui yo quien los trajo a Madrid, sino ellos a mí” (53).
Esta implicancia doble entre autor y personajes termina en mutua necesidad. Nadie puede escapar de sus personajes y como Pirandello o Sábato, los personajes son fantasmas necesarios y “está bien les digo ni ustedes van a poder librarse de mí, ni yo de ustedes (…) Estamos en la Atmósfera, el tiempo donde nos encontramos nunca terminará” (53).
Los lectores agradecemos el buen momento de lectura que nos ofrece Daniel Moyano en esta breve novela y el habernos permitido vivir (aunque sea en el intervalo de unas horas) En la atmósfera, su atmósfera y disfrutar del nostálgico enigma de su vida que indefectiblemente será también la de sus personajes.

viernes, 17 de enero de 2014

La vida en 30 preguntas…Fabián Gabriel Mossello

Written by EugeniaVazquez. Posted in La vida en 30 preguntas
Published on enero 13, 2014 with No hay comentarios
Nombre y apellido: Fabián Gabriel Mossello                                                           MOSELLO
Edad: 50
Estado civil: Casado
Profesión: Profesor de Literatura en la Universidad Nacional de Villa María y INESCER y La Panadería

1-      ¿Un recuerdo de la niñez?
Son muchos, los más tempranos, aquellas frescas sombras de los árboles en el Boulevard Sarmiento en  la casa de mi abuelo paterno; o los viajes en jeep Land-Robert por las chacras de la zona con mi abuelo materno.
2-      Si fuese posible ¿En qué etapa de la vida le gustaría detenerse?
Una etapa muy linda fue la de estudiante en la Universidad Nacional de Córdoba, allá cuando regresó la democracia y estudiaba Letras Modernas. Fue un momento cultural, histórico, político que nunca más volveríamos a vivir con esa intensidad.
3-      Frases de su madre o de su padre que siempre recuerde
No tengo frases específicas, si unas formas de decir las cosas que los caracteriza. De mi madre la energía para hacer las cosas, los proyectos; de mi padre la mesura y ciertas formas siempre ligadas a la razón y la justicia (pues es abogado y fue juez).
4-      Quién supera más estoicamente la separación ¿el hombre o la mujer?
No hay una sola respuesta a esto. La mujer tiene esa fortaleza que le viene de su propia naturaleza, por eso supera las ausencias y las perdidas se levanta de los momentos duros más rápido que el hombre, que en términos generales resiste menos el fracaso y el dolor.
5-      ¿Diferencia entre amar y querer?
Uh, es una pregunta muy difícil y fácil al mismo tiempo. El verbo querer es de una contextura más transitoria, más ligada a las cosas del momento. Se quieren muchas cosas: un club, un amigo. El verbo amar es mucho más complejo. Por eso se debe usar para ciertas circunstancias, personas, hechos de envergadura. El verbo amar está en la profundidad de las cosas del mundo: se puede amar a Dios, a un hijo, a tu pareja de toda la vida. No se puede usar ligeramente como se hace. Por lo general el mundo quiere más que ama. Por eso andamos rodando a veces sin saber que hacer.
6-      ¿Obsesivo con qué?
Con el trabajo, con el estudio, con el polvillo que se deposita en esta ciudad incansablemente sobre las cosas. Con que las cosas se hagan bien y derecho.
7-      ¿Qué cosas le molestan de su pareja?
Pocas, casi nada. Mi pareja es mi  esposa desde hace años y es una de las mejores personas que he conocido. Nada más.
8-      ¿De todas las leyes de tránsito, cuál se olvida más frecuentemente?
Digo, no sé si se olvidan, parece que no se hubiera conocido directamente en esta hermosa ciudad: el peatón y su prioridad cuando está sobre la senda de paso.
9-      ¿Guarda fotos de amores anteriores?
No, a muchas las veo a menudo y  nos saludamos, no hacen falta fotos
10-   ¿Una anécdota donde pasó mucha vergüenza?
La escuela secundaria suele ser el lugar y el momento de la vida en el que mejor se pasa la vida. Pero también es el lugar de las vergüenzas. En el secundario, un día, creo que en cuarto año, todos estábamos saliendo de cole y unos graciosos muchachos del curso me bajaron el pantalón de gimnasia delante de todo el colegio. No puede defenderme pues eran dos hermanos que jugaban al básquet, y por lo tanto más grandes en todo que yo, imposible toda acción directa. Me quedó sólo la vergüenza.
11-   ¿Una personalidad en Villa María? (En cualquiera de los órdenes)
Don Antonio Sobral
12¿Un deporte en el que le hubiese gustado destacarse?
Voleibol.
13¿Pasión o razón?
Las dos cosas. Mi área de trabajo es la parte más dura y árida de las letras: la semiótica, el análisis de textos. Además durante unos años estudié física y astronomía en FAMAF. Esto es la razón, el pensamiento. Pero también escribo, sobre todo poesía, y canto (cuando puedo) esto es la pasión
14 ¿Considera que estamos en una sociedad más violenta? ¿Cuáles serían los motivos?
Sí, en parte, si. La violencia siempre ha existido, de todos modos la violencia de la que hablamos es la de la cultura contemporánea, la violencia de las crónicas periodísticas, del fútbol, y paradójicamente, la de los hogares. Los femicidios o la violencia sobre los niños es un escándalo. Las causas muchas: la droga, la pérdida de valores esenciales como el amor al otro, el deterioro de las grandes religiones, las crisis económicas y el ‘todo vale’ de la sociedad capitalista, pueden ser algunas de las causas.
15¿Entraría solo/a  a un cementerio de noche?
No tengo problemas con los muertos, pero no voy a los cementerios por lo general
16¿Una canción, un libro, un artista?
Edurne, Mascaró de Conti, Joan Manuel Serrat.
17¿Cosas que le molestan de los otros?
Las mentiras, el oportunismo, la presunción, los habladores
18 ¿Cosas que le molestan de los otros?
Las mentiras, el oportunismo, la presunción, los habladores
19 ¿Si tuviera que calificar a las instituciones públicas, cuanto le pondría a: Intendente; concejales; Justicia; policía, Bomberos voluntarios; hospital…?
9; 7, 8, 8, 10, 7, respectivamente
20-¿Somos honestos cuando decimos que no discriminamos?
No, todos en algún sentido discriminamos. Es un problema del hombre en todos los tiempos y culturas, pero todo eso se puede educar, la educación puede hacernos más tolerantes con el otro, con lo otro.
21- ¿Programa de televisión que le gusta?
Los documentales  casi todos y algunos programas de opinión y análisis político-
22- ¿El problema es que su pareja le sea infiel o enterarse?
No me ha pasado, pero creo que de alguna manera ser infiel es más aceptable, humano, casi una condición del hombre y la mujer  sentirse en algún momento atraído por otra persona que no es su pareja. Los efectos de enterarse o no son meros efectos de la cultura. Muchas de ellas toleran ‘la infidelidad’ otras la condenan. De todas maneras preferiría no entrarme
23¿Cuál es el peor desprecio que le pueden hacer?
El desprecio (cuando es infundado)
24¿Qué es lo primero que le mira al sexo opuesto?
La belleza del rostro, los ojos en especial
25¿Lo bueno y lo malo de la ciudad?
Lo malo: el viento y el calor de verano (cuando es excesivo), lo bueno, que tiene todo al alcance y hay muchas cosas para hacer
26¿Comidas preferidas y comidas detestadas?
Detestadas: las que se hacen con las dietas o cuando estamos enfermos; preferidas: las picadas  piamontesas
27¿Qué importancia guarda el dinero en su vida?
Sólo lo que implica para vivir decorosamente, no me interesa más allá de eso. Por eso me dediqué a la literatura.
28 ¿Qué implica la decepción?
Estar decepcionado es un estado pasional más que racional. Empieza con una razón, pero después la decepción se aloja en un lugar mucho más complejo, el de las creencias, la decepción me impide creer y por ello se hace difícil revertirla. La cura es el perdón, pero no siempre es tan fácil.
29¿Es verdad que no se olvida nunca la primera experiencia sexual?
Creo que es un mito urbano y occidental que rueda por las revistas del corazón. Lo que no se olvida es el momento en que has encontrado a alguien y lo has querido, con sexo o no.
30 ¿Un deseo por cumplir?
Viajar  a la Isla de Pascual y recorrerla. También viajar a la ciudad de Tiahuanaco. Otro, en este momento viajar con mi familia: mis tres hijos, esposa y nieto a una soleada playa del caribe.

domingo, 27 de octubre de 2013

Edith Vera

Memorias de Edith Vera

La maestra y el niño

“Soy necesaria al ponerse el sol
porque ¿quién vigilaría las estrellas?
¿quién miraría si cada trébol plegó sus hojas?
¿quién apagaría los fuegos encendidos?
¿acaso te preocuparía el ladrido lejano
            de algún perro solitario?
Ya ves, ése es el momento
            de mis preocupaciones.
Y camino como si llevara atadas a mi cintura las llaves de la noche.”



Muchos son los caminos que tiene la literatura. Escribirla, leerla, enseñarla son algunos de los meandros de un discurso que se desliza sobre la piel de la cultura. También la literatura hunde sus raíces en la historia, la sociedad y las ideologías. Esto la hace apasionante, grata, pero no simple. La literatura no es solamente un conjunto de libros escritos por gente talentosa, y que, en el mejor de los casos, gana dinero. La literatura es una práctica densa que involucra al escritor, al lector y toda una cultura detrás para ‘decir sobre el mundo’.
Edith Vera es quizás una de las más importantes poetas de Villa María. Maestra, poeta, música, pintora, enseño a jugar con ese mundo difícil y apasionante que es la literatura. En este brevísimo escrito no me referiré a su obra, de la que hay abundante bibliografía. Más bien contaré una historia personal vinculada con los talleres creativos para la enseñanza de la escritura literaria a adultos mayores. De algún modo quiero rendir un humilde homenaje a la poeta que estuvo en nuestras aulas universitarias de PEUAM dejando en ellas, quizás, los que serían sus últimos poemas. Aquí va.




La maestra y el niño

Un niño saca punta a unos crayones en el borde de una mesa descolorida. Todo huele a tiempo y a paraísos recién florecidos. No hay demasiados ruidos, la tarea sobre la hoja es importante, no sólo porque son los primeros trazos de una escritura que se desmadeja en un lenguaje que conocen los niños y los pájaros, sino también porque han sido dichas por una mujer que tiene una autoridad firme y dulce al mismo tiempo. Rojo, azul, amarillo, reparten la paleta del niño; un lápiz se hace cielo, otros toman la forma de un árbol; otros tal vez se asemejen a la tierra. La maestra mira las hojas con los ojos más mansos que se puedan imaginar. Sus pupilas giran al compás de la mano infantil y el rústico arte recién descubierto. Y entonces el niño siente el aleteó de una mano invisible que le ayuda a nadar en esos lenguajes todavía difusos entre el dibujo y la palabra. El niño siente placer ver cómo se hacen fáciles las cosas. Algo íntimo estaba ocurriendo en esas mañanas de 1968. Estaba aprendiendo a volar con aquello que definiría su oficio de adulto: la literatura y la escritura. La maestra de la que hablamos es Edith Vera; el niño soy yo en un jardín de cinco años en un famoso colegio de nuestra ciudad.


Son las cuatro de la tarde. El verano parece anunciarse con toda su premura. Los alumnos son adultos mayores y ya han entrado y se sientan lentamente en sus bancos. De algún modo son nuevamente adolescentes o niños. Van al colegio de nuevo y tienen que hacer la tarea y escuchar al profesor. Enseñar a un adulto no es sencillo, es una tarea rara que requiere alguna destreza. Rara porque el profesor, casi siempre, es mucho más joven que el estudiante. Pero los adultos son deslumbrantes y acompañan al maestro con sus miradas. De todos ellos se destaca una señora vestida de riguroso negro que hace unos meses viene a tomar clases de escritura creativa. No parece muy apurada. La lentitud no disminuye la agudeza de la mirada, atenta y pacífica al mismo tiempo. Como deslizándose en un mar que no conocemos mira a todos, sonríe, no habla mucho. Hay una grandeza en ese silencio que habla. Todos la conocen. No hacen falta presentaciones. La consigna de hoy es escribir haikus. Esos poemas del tamaño de las manos de un artesano oriental. Miniaturas de una escritura a la vez encriptada y transparente. Trozos de una mirada plástica del mundo. Por eso es tan difícil hacer el poema más pequeño. El profesor ha dicho algunas cosas, ha mostrado ejemplos de haikus. Ha dado algunas mínimas indicaciones. Los alumnos miran devorando las palabras que resbalan por las paredes y comienzan el ritual de la escritura. Unas voces parecen empezar a dibujarse en el papel. Ligeros trazos de un lenguaje volaban como pájaros sobre las hojas. En el aula se ha detenido el tiempo porque el haikus es difícil como un arte marcial. La señora vestida de negro esta particularmente atenta a su escritura. Un pequeño trozo de papel, casi transparente se ha empezado a llenar de figuras diminutas. Como dibujos de una mano infantil, sus pequeños haikus se van desplegando. El profesor recordó los años de su jardín, los lápices de colores, el aleteo del corazón cuando venía la hora de una maestra que él quería mucho. Tiempo de lecturas. Uno a uno los poemas se fueron desplegando en el aire de la tarde. Praderas, cielos, cerezos y flores llegaban desde las voces. Un hombre llenando un cántaro al borde de un arrozal; dos pájaros posándose en los contornos de una flor. Todos eran muy buenos haikus. Todos esperábamos los poemas de la señora de negro, pero no leyó, sólo dijo que los haikus eran difíciles de escribir, aunque sus hojas estaban repletas de poemas tan frágiles y luminosos como las manos del mejor poeta oriental. La señora de negro era Edith Vera; el maestro era yo.

En una de las tantas paradojas del tiempo, la literatura nos había puesto, cuarto décadas más tarde, nuevamente frente a frente, aunque estoy seguro que en esa tarde soleada de noviembre del año 2000, el que seguía aprendiendo era yo.


Fabián Gabriel Mossello
Febrero de 2012




[1] Introducción y foto extraída de la revista Imaginaria. Revista Quincenal sobre Literatura Infantil y Juvenil. 30/3/10. Marcela Carranza.

[2] Publicado en la Revista Universitaria de Adultos Mayores SENDERO ISSN 15156710

martes, 15 de octubre de 2013

lunes, 12 de agosto de 2013

Concurso Universitário Latino-Americano de Literatura – UFVJM/AECID – 2012



Concurso Literário

Concurso Universitário Latino-Americano de Literatura – UFVJM/AECID – 2012
I Concurso Universitário Latino-Americano de Literatura foi uma iniciativa da Pró-Reitoria de Extensão e Cultura e da Diretoria de Relações Internacionais da Universidade Federal dos Vales do Jequitinhonha e Mucuri – UFVJM, envolvendo as relações do convênio da universidade com a AECID e com o Instituto Cervantes. Além disso, o concurso contou com o apoio da FAPEMIG. Ao total, foram 306 inscritos nas duas categorias (poesia e conto) de 12 países (Argentina, Brasil, Equador, Peru, Honduras, Uruguai, Costa Rica, Chile, Paraguai, Porto Rico, Portugal e Guatemala).
O concurso premiou as três melhores obras nas categorias poesia e conto, tanto em português como em espanhol e a cerimônia de premiação foi realizada no dia 07 de dezembro de 2012 durante reunião extraordinária do Conselho Universitário, onde os premiados receberam os prêmios do Prof. Pedro Ângelo Almeida Abreu. Abaixo segue a relação dos premiados:
Arquivos em PDF (Acrobat).
Clique sobre o nome do(a) ganhador(a) para ter acesso ao texto premiado:
Português
Poesia
Número Total de Inscritos: 306
Países Participantes e Número de Inscritos:

Argentina: 34
Brasil: 239
Equador: 02
Peru: 02
Honduras: 01
Portugal: 02

Uruguai:16
Costa Rica: 02
Chile: 01
Paraguai: 04
Porto Rico: 02
Guatemala: 01